martes, 20 de julio de 2021

CÓMO CONVERTIR UNA FALSA PANDEMIA EN UNA PANDEMIA REAL

 


En Diciembre de 2019 hacen un hisopado nasofaringeo a tres habitantes de Wuhan con neumonia atípica. Como el PCR sólo detecta unos 200 nucleótidos, y el supuesto "virus" tiene unos 40.000, se inventan con un programa informático el resto, basándose según ellos en el primer Sars. Para inflar las cifras de fallecidos la OMS presenta unos protocolos genocidas, que ponen en un respirador mecánico (sólo 2 de cada 10 intubados sobreviven) a cualquiera con sospecha de tener el nuevo virus, por otra parte hacen test PCR a gente sana por encima de los 28 ciclos de ampliación, cosa que según su propio diseñador da un elevadísimo índice de falsos positivos.

Una vez creada la alarma, cogen ese supuesto "virus" que crearon en un ordenador, lo replican sintéticamente, lo introducen en un adenovirus de chimpancé (también modificado genéticamente) y se lo inyectan a toda la población mundial. Cuando se vuelve más que obvio que los que recibieron el antídoto son los que están enfermando, y que los no inoculados no enferman, empiezan a inventarse cepas. No sólo para exculpar a los fabricantes y culpar a los no vacunados, sino para venderte una tercera, cuarta o quinta dosis. Como negocio resulta un éxito. Tú pierdes la salud y quedas necesitado de sucesivas inoculaciones -cuyo precio será el que ellos decidan- de por vida. Ellos se forran sin asumir ningún riesgo gracias a la exención de responsabilidad que les han otorgado los gobiernos.

Y todavía hay tontos útiles que repiten que vacunarse es un "acto de responsabilidad".

Que esta trampa haya funcionado con tal precisión dice muy poco en favor de considerarnos una especie inteligente.


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