lunes, 21 de febrero de 2011

LA MAFIA DEL KILOWATIO

Es evidente que, aunque bien pagado, Pedro Marín Uribe es un simple peón de una organización lo suficientemente poderosa para obligar a 23 millones de usuarios a pagar 8.000 millones de euros por un servicio que no reciben y para utilizar impunemente el Boletín Oficial del Estado como instrumento de una estafa que supera los 4.000 millones de euros y es tan burda que queda al descubierto con sólo echar un vistazo a las curvas representativas de la evolución del precio medio de mercado del contador monofásico de simple tarifa y del precio de alquiler de dicho contador.

La organización de la cual Pedro Marín Uribe es un simple peón está formada por las grandes compañías eléctricas y los dos principales partidos políticos, que controlan el aparato del Estado y, en particular, la Administración de Justicia, un eslabón absolutamente imprescindible, pues sin su cooperación, activa u omisiva, la organización carecería de impunidad y no podría tomar represalias legales contra quienes se atreven a denunciar sus delitos.

Ello demuestra que las compañías eléctricas y el PSOE y el PP han elegido la segunda de las dos opciones apuntadas por el magistrado italiano Paolo Borsellino, asesinado en Palermo en julio de 1992:
    "Política y Mafia son dos poderes que viven del control del mismo territorio: o se hacen la guerra o se ponen de acuerdo".

Como era de esperar, la mafia del kilowatio, formada por las grandes compañías eléctricas y sus peones del Gobierno y la Administración Pública, no podía permitir que la liberalización del mercado eléctrico de baja tensión, que afecta a 26.2 millones de usuarios, acabara con sus ancestrales privilegios y ha convertido dicha liberalización en un caos, sabedora de que “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

El Gobierno comete a través del Boletín Oficial del Estado la estafa en los precios de alquiler de los contadores de la luz [2], planificada en 1984 por el PSOE y perfeccionada en 2001 por el PP. La cantidad estafada supera ya los 4.000 millones de euros y se incrementa cada día en 350.000 euros.
La liberalización del mercado de baja tensión ha sido, por tanto, el instrumento utilizado por la mafia del kilowatio para poner en práctica el consejo del príncipe de Salina (El Gatopardo): “Es necesario que algo cambie para que todo siga igual”.



 

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