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sábado, 5 de enero de 2019

LA MAGIA (Financiera) DEL REY "CAMPECHANO"

¡¡¡PATÉTICA ESPAÑA!!!
Que vive en un eterno país de las maravillas
Mientras, el país en la ruina y millones de ilusos riéndole las gracias


Mientras el tiempo y la historia se van hilando lenta y caprichosamente, el rey emérito Juan Carlos I sigue viviendo su apacible jubilación con una pensión nada desdeñable que para sí la quisieran los miles de pensionistas que se manifiestan cada semana por una vida más digna en todas las ciudades de España. Tras la abdicación de 2014, Felipe VI concedió a su padre una pensión vitalicia de 187.356 euros al año en calidad de rey emérito, una figura legal que hasta entonces no existía en la Constitución española porque ningún legislador reparó en que algún día el monarca se haría mayor y tendría que transmitir la corona al heredero.

Dos años después, en 2016, la paga se revalorizó hasta los 189.228 euros con arreglo a la subida del IPC, como sucede con cualquier otro funcionario público del Estado. Más de 50.000 euros por encima de lo que cobra la reina Letizia. En las últimas semanas, Felipe VI ha aplicado a las retribuciones de la Familia Real y del personal de La Zarzuela la misma subida, en este caso el 1,5 por ciento, de modo que él percibirá 242.769 euros brutos en 2018; doña Letizia 133.530; y el emérito Juan Carlos 194.232. Otra mejoría de sueldo mientras los salarios en España siguen en los niveles más bajos de la Unión Europea, la desigualdad aumenta, las pensiones se congelan y crece el descontento y la desafección de un pueblo que no entiende que sus gobernantes vivan a “cuerpo de rey” mientras millones de ciudadanos no llegan a final de mes. De ahí que formaciones como Podemos hayan exigido una mayor transparencia y control en las cuentas de algunas instituciones del Estado como la Casa Real.

No obstante, las asignaciones oficiales al emérito con cargo a los impuestos que pagamos todos los españoles probablemente no sean más que el “chocolate del loro” de sus ganancias, como suele decirse coloquialmente, ya que según la revista Forbes Juan Carlos I de Borbón podría haber acumulado una fortuna de al menos 2.000 millones de euros, lograda gracias a los supuestos negocios privados que el monarca ha mantenido a lo largo de los años. A su vez, el prestigioso diario The New York Times también se ha hecho eco del patrimonio del emérito (2.300 millones de dólares, casi 1.800 millones de euros) pese a que Juan Carlos, tras la muerte de Franco, llegó al trono casi sin dinero. La investigación del rotativo neoyorquino mantiene que el rey pudo haber aceptado regalos y comisiones en nombre del Gobierno español, llegando incluso a recibir “yates, una casa en una isla y automóviles de lujo”. De otra manera, ahorrando los 8,3 millones de euros anuales que se ha embolsado por vía de los Presupuestos Generales del Estado desde 1975, nunca podría haber llegado a ese nivel de riqueza.

Con todo, pese a ser importante el capital amasado por Juan Carlos I, estaría lejos de la riqueza del monarca más rico del mundo, Bhumibol de Tailandia, que puede presumir de un patrimonio de 22.586 millones de euros. Otros como el sultán Muida Hassanal Bolkiak de Brunei (17.240 millones) y los soberanos de Dubai, Abu Dabi y Arabia Saudí también le superan en patrimonio. Pero a partir de ahí ya pocos le tosen al rey campechano. La supuesta riqueza de Juan Carlos, de confirmarse las informaciones de las publicaciones norteamericanas, podría competir (si no con los 3.300 millones del príncipe Hans Adam de Liechtenstein) al menos con los 2.000 millones del emir Tamin bin Hamad Al Zani, jeque de Catar; con los 1.500 millones atribuidos al rey de Marruecos, Mohamed VI; y hasta con los insignificantes 1.000 millones del príncipe Alberto de Mónaco. Aunque más allá de comparaciones y listados de oro, lo único cierto a día de hoy es que el patrimonio del artífice de la Transición sigue siendo un misterio para todo el mundo menos para él. O más bien, un secreto de Estado celosamente guardado.

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