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jueves, 1 de noviembre de 2018

"LOS OFENDIDITOS"



Son los ofendiditos. No les mires. No respires a su lado. No te pongas muy cerca. Se ofenden. Tu presencia les ofende. Les ofende que pienses lo que piensas o sientas lo que sientes. Les ofende que hables una lengua que no entienden o que escribas palabras en otro idioma porque el suyo… ¡oh, el suyo! Lo hablan muchas personas y tú quieres acabar con él a fuerza de utilizar “tu dialecto regional”. ¡Maleducado! ¡Ofensivo!

Les ofendes cuando pones en duda su marco mental, sus prejuicios o aquello con lo que crecieron. Les ofende el humor. O mejor dicho, les ofende TU humor porque ellos se pueden reír de lo que les dé la gana. ¡Nada más faltaría, súbdito, vasallo, gentecilla! ¡Haber ganado la guerra!

Les ofende la ironía porque jamás estarán en condiciones de comprenderla. Se ofenden con tus risas. ¿Qué digo risas? Les ofende una sonrisa, un gesto casi imperceptible de no aceptación de aquello que proclaman a los cuatro vientos. El humor como ofensa en una sociedad encantada de haberse conocido. La broma rebelde, el chiste ingenioso, la actitud iconoclasta… les ofende.

Se ofenden. Pero mucho. Se ofenden mucho. ¡Cuidado con sus símbolos! La bandera, el himno, la sacrosanta fundación del imperio en el que no se ponía el sol. No hagas broma. Les ofende. ¡Que te he dicho que no bromees! Son sensibles. Se ofenden los ofendiditos. La epidermis casi invisible, fina, muy fina. No te acerques con una pluma y la pongas sobre su piel. Mamá, pupa. Se ofenden.

Los ofendiditos que te llaman catalufo, paleto, lazi o escoria en cuanto tienen ocasión, se ofenden. Ellos son el último baluarte de la educación universal. La civilización se irá al garete pero ellos estarán allí, con su elegancia y discreción, con su savoir faire, perdonándote la vida, sujetándose el paquete para calibrar el peso del mundo, luciendo pelo en el pecho y masticando un palillo. A simple vista no parecen tan sensibles, pero lo son. Los ofendiditos jamás hablan sin calcular el daño que pueden hacer pero cuando el discurso es a la inversa todo les ofende: el rap, los lazos amarillos, los silbidos, los gags cómicos, los himnos ajenos, las identidades alternativas, la palabra “llibertat”, las pancartas que piden democracia… Les ofende la verdad cuando pone en duda sus mentiras. Les ofendes tú. Les ofendemos nosotros, que tenemos el vicio de vivir y de intentar alcanzar ciertas cuotas de librepensamiento para poder ser aquello que queramos ser.

Son los ofendiditos. Supongo que conoces a alguno.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tejedor