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viernes, 24 de agosto de 2018

LE MÉRIDIEN RA Y JORDI GUILLEM EN UNA PRESTIGIOSA REVISTA DE VIAJES DE LUJO


La prestigiosa revista norteamericana "Condé Nast Traveler" dedicaba ayer un extenso artículo al lujoso hotel "Le Méridien Ra" y a su nueva incorporación; Jordi Guillem, chef del restaurante "Lo Mam" donde ensalza las virtudes de este gran cocinero que durante 20 años ha estado instalado en Segur de Calafell y, al que no creo que pase mucho tiempo para que lo veamos luciendo una merecida estrella Michelin.



Pocas cosas más meritorias en el mundo de la hotelería que un gran hotel, en tamaño y en reputación, que haga que te sientas como en casa.

Una tarea nada sencilla si encima tiene 143 habitaciones, con el número de huéspedes exigentes que eso supone. Pero Le Méridien Ra no es un hotel cualquiera. Primero porque no fue concebido como tal.

Corría el año 1929 cuando Alfonso XIII inauguraba en mitad de la más absoluta nada el Sanatorio Marítimo de San Juan de Dios, una obra del arquitecto racionalista Rodríguez Arias pensada para acoger a enfermos con dificultades respiratorias, ya que la zona es bien conocida por las beneficiosas propiedades de su aire y su agua, rica en yodo.

Y hasta aquí llegaban pacientes de toda clase y condición, en busca de una cura para el cuerpo y un paréntesis para el alma. Casi, casi como hoy en día.


Sin embargo, la historia que dibuja el lugar en los años siguientes no fue tan ideal como nos gustaría. El abandono y el expolio se apoderaron de los racionalistas muros del sanatorio, hasta que en los 90 el Ayuntamiento del Vendrell declaró el conjunto Bien Cultural de Interés Local.

Por su parte, la Generalitat lo catalogó como Monumento de Interés Histórico y Artístico y, lo que es más importante, la población se concienció de la importancia del edificio que en 1999 mudó su piel, pero no su ADN, para comenzar a operar como hotel balneario de lujo.

Y así nació la leyenda que durante los últimos 13 años ha estado operada bajo el sello Marriott y bajo el nombre de Le Méridien Ra Beach hotel & Spa.

Un inmenso lobby, de techos altos y enormes ventanales que miran al mar, me da la bienvenida. Aquí, además de un aire más puro de lo habitual, también se respira paz.

“Da igual que el hotel esté lleno, que lo está, siempre tendrás esta sensación de tranquilidad”, me comenta Desiree Santos, la directora de Marketing del hotel.

Y aunque mi primer pensamiento es un desconfiado “ya veremos”, tengo que reconocer que esto, a pesar de su cargo, no es una afirmación que provenga de un manual de técnicas de venta, es la verdad.

El lobby, además, comunica con la que era la capilla del sanatorio, cuya estructura se conserva intacta.


Con el mar como telón de fondo no me tiembla el pulso al teclear que tengo la sensación de adentrarme en el mayor templo del bienestar que existe enCataluña.

El minibar de la habitación, con solo bebidas, es gratis, la mayoría de las habitaciones tienen vista al mar (o a un gran patio repleto de naranjos) y a pesar de que son bastante minimalistas, no resultan frías.

La reina de la corona es, por supuesto, la cama, con esos colchones a los que solo les falta ser plegables para poder meterlos en la maleta a la hora de hacer el check out (por supuesto, yo no acabo de escribir esto).

La mía tenía además una amplia terraza con un lago artificial a mis pies y unas bonitas vistas a la enorme playa de El Vendrell, donde el huésped tiene reservadas hamacas y sombrillas para disfrutar de la arena sin tener que tocarla.

Y yo no tardo ni cinco minutos en bajar a probar la mía. Faltaría más.


Entre las novedades de este año, el hotel puede presumir, y bien que hace, de su nuevo restaurante Lo Mam, capitaneado por el chef Jordi Guillem.

Pero Lo Mam no es un concepto nuevo, sino un nuevo espacio en el corazón del Ra y a la orilla del mar.

Me explico. Guillem llevaba veinte años entre fogones al frente del restaurante del hostal Lleida que sus padres abrieron en Segur de Calafell.

Fue aquí donde el chef se apasionó por la cocina en general y la investigación gastronómica en particular, y entre estos muros se gestó el primer Lo Mam que, por cierre del hostal, tuvo que buscar un nuevo emplazamiento.


Y no pudo encontrar uno mejor que en Le Méridien Ra. Esta versión mejorada de Lo Mam ofrece una cocina tradicional pero innovadora en técnica.

Mención aparte merece su carta de postres, que es la perfecta sinergia entre la cocina, la heladería y la pastelería, con un despliegue meticuloso de imaginación y creatividad que se sirve en platos como la sopa de almendras y caballa de la costa, el pato del Penedés o una de las especialidades del restaurante, el plátano negro con chocolate y especias y que ni es plátano ni es negro.

Pero esto tendrán que venir ustedes a comprobarlo y por favor, no dejen de hacer fotos a su espectacular vajilla de cerámica, será la estrella de Instagram.


El hotel se reserva además un as en la manga que complementa de forma magistral a todo lo anterior: su spa. Sin escatimar en espacio, es aquí donde el concepto de bienestar alcanza su máximo esplendor.

¿Cómo? Gracias a su zona de aguas (el nivel de yodo en el agua es superior a la de cualquier otra zona en el Mediterráneo) y su extensa carta de tratamientos entre los que hay que optar por un masaje ayurvédico para conocer el verdadero significado de la palabra Nirvana.


La oferta de bienestar del hotel no es impostada, por eso los terapeutas de Ayurveda proceden de la India, de la región de Kerala, a donde acuden viajeros de medio mundo en busca de paz, relax y tratamientos detox a base de aceites naturales.

Viven en El Vendrell de marzo a octubre, meses durante los que está abierto el hotel, y te hacen viajar hasta el mismísimo corazón de la India a base de tratamientos en los que invierten hasta 3 litros de aceite templado de sésamo que derraman (literal) por todo tu cuerpo finalizando por la cabeza y un masaje en el cuero cabelludo.

Solo con teclearlo se me pone la piel de gallina. Hay otro mundo, mucho más relajado, a una hora escasa de Barcelona; y está en El Vendrell.


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