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jueves, 9 de agosto de 2018

LA DESVERGÜENZA DE MUCHOS EMPRESARIOS





Fermín Yébenes tiene a las espaldas 25 años de experiencia como inspector de trabajo. Ha visto varias crisis, pero ninguna como la última: "Nunca he visto lo que he estado viendo en estos últimos años. Jamás. La mezquindad que hay en algunos sectores de la actividad me sorprende día a día. Creo que voy a llegar al límite, por las maneras en las que algunas personas se comportan respecto a otras. Y duele. Jamás había visto tanta mezquindad". Este análisis demoledor se basa en el mercado laboral que destapan las inspecciones.

JORNADAS COMPLETAS A TIEMPO PARCIAL

Un inspector de trabajo puede cruzarse con casos como el de Carlos, de 24 años. El suyo es un ejemplo de hasta qué punto se ha abusado del contrato a tiempo parcial para cubrir jornadas completas. Este joven socorrista resume así su situación laboral: "Estoy diez horas al día en la piscina y en mi contrato pone que trabajo cuatro horas. Nos dicen: 'O lo tomas o lo dejas'. Somos jóvenes y no nos damos cuenta, pero no cotizamos lo que deberíamos cotizar". La reacción inmediata es pensar que hacen falta más inspectores, pero Yébenes cree que situaciones como la de Carlos se podrían atajar si fuera obligatorio fichar y si los contratos especificaran los horarios. En una inspección, esto es lo que ocurre: "Cuando llegamos por la mañana, el trabajador está contratado por la mañana y si llegamos por la tarde, el trabajador está contratado por la tarde, porque no está prefijado el horario en el contrato de trabajo".

PAGO EN NEGRO

En la hostelería, una práctica habitual es cobrar en B. Marta es camarera: "Yo gano 400 euros en nómina y 400 euros en negro, haciendo doce horas diarias. ¿Mi mejor salario? 800 euros en nómina y 600 en negro". Sin la denuncia del trabajador, un inspector tiene complicadísimo demostrar un pago en negro: "Para nosotros es muy difícil demostrar que existe ese pago. Necesitamos la colaboración de los trabajadores, la necesitamos urgentemente".

EXPLOTACIÓN

Antonio se quedó en paro con 60 años. Empezó a buscar trabajo a cambio de comida, techo y algo de dinero. Duró dos semanas: "Apenas me han pagado y el día que he hecho menos horas allí han sido diecisiete. Yo creo que es una explotación humana". Fermín puede enumerar muchos casos de fraude y explotación: falsos autónomos, abusos en empresas multiservicio, una accidentalidad laboral que se mantiene a niveles previos a la crisis, pero hay un cambio cualititativo que le choca: es el descaro de quien explota. "Antes, los empresarios se avergonzaban. Actualmente no existe ni siquiera ese pudor. Les sorprende y se defienden, porque creen que lo están haciendo bien".

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