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lunes, 9 de julio de 2018

¿MÁS MEZQUITAS EN BARCELONA?



Sonia Moreno


Mohammed Chaib es el primer diputado de origen árabe y musulmán en el Congreso de los Diputados tras la reciente renuncia a su escaño de la ministra Maritxel Batet, y fue también el primer diputado marroquí en el Parlamento catalán entre 2003 y 2006.

Este tangerino ha sido elegido vocal de la comisión de Ciencia, Innovación y Universidades junto al ministro Pedro Duque por ser farmacéutico, pero solicitó además la participación en las comisiones de Cultura, Exteriores y Migración. Como representante de la comunidad marroquí, domina el tejido religioso en Cataluña. Es empresario y fue quien ganó la concesión para instalar las cámaras de videovigilancia en Casablanca. Además creó la Fundación Ibn Batuta en 1994, que dirigió hasta 2003; y actualmente preside en España el Festival de Músicas Sacras de Fez.

¿Usted es de los que cree en el 'Almakbut', el destino que guía nuestras vidas?

Estoy seguro de que lo que nos va a suceder está escrito. ¿Quién me iba a decir, con todas la dificultades que he tenido desde muy pequeño, que iba a poder terminar una carrera, batallando por todas partes para poder pagármela; y que iba a terminar siendo diputado en el Parlamento catalán y posteriormente en el Congreso de los Diputados?

Sobre todo porque usted llegó a España como migrante.

Efectivamente, vine con cuatro años con mi familia, que llegó en 1965 a Cataluña. A los 12 años volví a Tánger, continué mis estudios en el Instituto Español, y precisamente son los españoles los que me enseñaron a hablar y a escribir árabe. Después estudié en Granada y más tarde volví a Barcelona. Cuando llevas tantos años viviendo en España ya no te consideras inmigrante. Me siento ciudadano plenamente español con derechos y deberes como los demás.

¿Le han llamado del Gobierno marroquí?

Me llamó el ministro de Justicia marroquí, Mohamed Aujjar, al que conozco desde hace muchos años; y también el secretario general del Consejo de las Comunidades Marroquíes en el Extranjero.

Ha llegado hasta aquí gracias a Pasqual Maragall, que con un fichaje marroquí pretendía atraer el voto de los migrantes en Cataluña...

A Pasqual Maragall le debo mucho; y le tengo un reconocimiento y un respeto enorme. Es un político con una visión de futuro tremenda y fue quien me llamó cuando se iba a presentar como candidato a la Presidencia de la Generalitat. Me pidió que presentara Marruecos en una conferencia de inmigración que iba a hacer en la Pedrera de Barcelona. Le hice la presentación y al terminar me pidió que no me marchara, que le gustaría hablar un ratito conmigo, y lo primero que me dijo, no lo olvidaré nunca, fue: “Al igual que otros ciudadanos vinieron de otras comunidades de España, y tienen cargos públicos, creemos que ha llegado la hora de que una persona de origen magrebí esté en las listas y en el Parlamento de Cataluña”. Le dije que era farmacéutico y que lo tenía que hablar con mi familia.

¿Qué fue lo que le hizo decidirse por la política?

Dos cuestiones, principalmente. Era un momento de debate sobre la migración bastante importante en Cataluña. Pensé que era positivo que la sociedad catalana y española pudiera ver que existe un Mohammed que está en el Parlamento. Y después que los hijos de la inmigración, igual que yo, se dieran cuenta de que en España, aunque tengas otro nombre y otro origen, puedes llegar, si haces un esfuerzo de adaptación.

En Cataluña hay 350.000 musulmanes, pero no hay ni una mezquita, ¿por qué?

La verdad es que no se entiende, que una gran ciudad como Barcelona, cosmopolita, abierta, plural, con orígenes diversos, con muchísimos musulmanes que la visitan anualmente de diferentes rincones del mundo, no tenga un espacio digno donde acudir. Es el cúmulo de toda una serie de cuestiones que han ido haciendo que los ayuntamientos no tengan esa valentía para ayudar a la comunidad musulmana a encontrar ese espacio. Existe, pero tiene que haber voluntad política, que a día de hoy todavía no se ha visto.

Usted sí abogó por construir un templo musulmán oficial.

Sí, tengo claro que se tiene que construir una mezquita por parte de los propios musulmanes que viven en Cataluña, y si hay el apoyo de algún país que quiere hacer una donación, que siempre sea a través del Gobierno de España, para que sepa de dónde proviene esa financiación. Y que sea un templo abierto a toda la ciudadanía, no solo para los musulmanes, sino para toda la sociedad, con espacios de intercambio cultural y religioso, de conocimiento del otro y del islam.

Las pequeñas mezquitas están haciendo una gran labor de convivencia y de diálogo, pero todavía queda mucho por realizar, sin duda alguna. Y un diputado de origen musulmán no puede dejar a la comunidad de musulmana abandonada, eso está claro.

¿Tienen que venir de Marruecos a formar a los imames, como ocurre en otros países europeos?

España por sí sola no lo va a poder hacer. Te digo mi propuesta, aunque es lejana en el tiempo, a lo mejor en 30 o 40 años la tenemos: que los imames salieran de la comunidad joven musulmana que existe en España y que los discursos en las mezquitas fueran en castellano, porque muchos hijos no entienden los sermones en árabe porque han nacido y se han criado en España, hablan poco el árabe. Sería interesante empezar a formar a algunos jóvenes que estén interesados en ser los futuros imames de España, pero mientras tanto tenemos que evitar discursos radicales.

¿Son peligrosas las directrices que dicta la corriente wahabita desde Arabia Saudita a los imames en las mezquitas españolas?

Por eso se explica el acercamiento a Marruecos en este tema. Un país que desarrolla un islam más moderno, más adaptado a los tiempos. Sus imanes además son personas que han estudiado en la universidad. No digo que tengan que venir todos de Marruecos, sino que valdría la pena un acuerdo entre España y Marruecos en asuntos religiosos mientras formamos a nuestros jóvenes. Para no dejar que esos espacios los puedan ocupar movimientos religiosos radicales extremistas, que no deberían tener cabida en nuestra sociedad de ninguna manera. No deberíamos aceptarlos.

Cuando alguien viene de fuera y dice a los musulmanes que viven en España que no deben adaptarse a la sociedad en la que residen, sinceramente esa persona no debe estar en el país. Es un mensaje que transmite el odio al otro, la discriminación, la no convivencia, una imagen que no se corresponde con ese musulmán que ha venido con la inmigración y que quiere sacar adelante a su familia sin meterse en líos.

¿Es cierto que alertó a Estados Unidos del descontrol del Islam en Cataluña?

Recibí al cónsul de Estados Unidos en el Parlamento de Cataluña como he recibido a cónsules de otros muchos países, y estuvimos hablando de muchas cuestiones. Entre ellas, del tema religioso, del islam en Cataluña. En una conversación me preguntó si existía radicalismo, y efectivamente le dije que estaba empezando a verse, pero que teníamos una comunidad musulmana que no seguía esos pasos.

Incluso planteó una legislación del islam.

Sí, que haya un registro de los imames, un control. En el Ministerio de Justicia se trabaja sobre esta cuestión y se ha avanzado mucho, pero faltan cosas por hacer. Se tiene que acabar con los locales y los garajes que hacen las funciones de mezquitas precarias. Lo que tiene que haber son condiciones dignas abiertas a toda la ciudadanía.

Como hay una iglesia en el barrio, quiero que haya una mezquita, pero no de los musulmanes, sino abierta, que trabaje por el diálogo, que participe en las fiestas del barrio, que sea una entidad más. Lamentablemente, hoy en día sigue siendo una asignatura pendiente en muchos municipios de España. No podemos dejar sin este espacio a los jóvenes españoles musulmanes, que han nacido o se han criado en España.

Siempre ha defendido a la monarquía marroquí, ¿qué papel debe tener el rey Mohamed VI en un país con protestas sociales, como en el Rif desde hace año y medio, y el boicot ciudadano a productos de primera necesidad?

Es absolutamente necesaria la figura del rey en estos momentos en Marruecos. Está jugando un papel de estabilidad fundamental en el país por la gran diversidad social y cultura que hay. Pero no es una cuestión solo de la monarquía, sino que tiene que ver con el conjunto de la sociedad. Por lo tanto, el Gobierno, los partidos políticos, los sindicatos, la sociedad civil y las entidades deben aunar esfuerzos y remar en la misma dirección, conseguir cotas sociales, que los ciudadanos marroquíes sean iguales de norte a sur, y que esa distribución de la riqueza sea real.

La gente en Marruecos está en contra de que la riqueza no llegue a todas partes; y eso significa el reconocimiento de algunas zonas que han estado abandonadas durante muchísimo tiempo. Hay que escuchar a los jóvenes, acompañarles y ver cuáles son sus problemas. Y España no va a parar, sin duda alguna, en cooperar y trabajar conjuntamente, codo a codo, para que sea una realidad. Nos interesa que Marruecos sea fuerte y avance socialmente, porque estamos más cerca de este país que de algunos otros europeos.

Usted conoce bien las fronteras entre Marruecos y España. ¿Cree acertado el anuncio de Pedro Sánchez sobre la retirada de las concertinas?

Lo que dijo realmente el presidente es que se podía controlar la frontera sin tener que herir a nadie. Lo dejó abierto ahí para la reflexión.

¿Es cierto que Rabat abrió las fronteras tras la llegada de Sánchez al poder y el desembarco del 'Aquarius' en Valencia?

Un gobierno en España que hubiera dejado a esas personas a la deriva, con muchas posibilidad de pasar hambre, incluso de morir, es un gobierno sin alma, sin corazón. Por lo tanto lo que hizo Pedro Sánchez me parece absolutamente un gesto de solidaridad. Y eso no tiene por qué significar un efecto llamada, ni nada por el estilo.

El control de las fronteras seguirá produciéndose, y eso fue un momento de solidaridad, que es un gesto que honra a España, al presidente y al Partido Socialista, dando una auténtica lección y abriendo un debate importante en Europa de que ha llegado el momento de gestionar la inmigración entre todos. No es un asunto exclusivamente de los países del sur que tienen que hacer de fronteras, sino de toda Europa.

El ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, dijo que en Marruecos no quieren los centros de internamiento de migrantes que Europa ha propuesto para África, y así resolver la crisis migratoria.

No puede dejarse este tema únicamente en manos de los países africanos, dándoles dinero y a cambio que solucionen el tema. Tiene que ser una cuestión compartida, los países pueden cooperar. Puede haber espacios para atender a las personas pero no pueden ser eternos. Esas personas tienen que vivir dignamente y tienen que incorporarse a la sociedad a la que han llegado y, por lo tanto, de alguna manera tienen que salir de esos centros. No podemos dejar centros de internamiento de personas ahí durante años, eso es impensable e indigno.

En la primera visita del Gobierno español a Marruecos, el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, se posicionó sobre el conflicto del Sáhara Occidental, apoyando la resolución del Enviado Especial del Secretario General de Naciones Unidas. ¿Qué la parece?

Este tema se tiene que solucionar en el marco de Naciones Unidas, que solicita un diálogo entre las partes, y que haya una solución política y duradera. Luego hay otras propuestas, como la que ofrece Marruecos, un Plan de Autonomía. Después de 43 años, desde 1975, me gustaría que este debate se produjera en España, si realmente estimamos a los saharauis que están en Tindouf, ayudémoslos a salir de este conflicto. No defiendo ninguna posición, pero probablemente haya otras situaciones que podrían acabar en una solución aceptada por ambas partes.

Me gustaría que no estuviera tan polarizado el tema, que hablan de Sáhara marroquí o de independencia. Creo que España no es ajena a esta cuestión, es así históricamente, y puede ayudar mucho a que haya una solución para el conflicto sin posicionarse a favor de uno o de otro, sino ayudando al diálogo y a encontrar una solución política, justa y duradera. En todo caso, el Gobierno marroquí y el Frente Polisario tienen que dialogar en el marco de Naciones Unidas.

Estamos en un momento político tenso en Cataluña, ¿cómo lo ve como diputado? Usted votó el nuevo Estatuto catalán.

Sí, pero lamentablemente Madrid devolvió a Cataluña algo que no tenía nada que ver con lo que se aprobó. Aquel Estatut no hablaba de independencia, sino de cultura, lengua y de economía en un momento de crisis. Cataluña, como motor de la economía española, quería una nueva distribución de la solidaridad. Tensar la cuerda hasta romperla no es la mejor solución. Esperamos que en la reunión del lunes entre Sánchez y Torra se afronte un futuro de convivencia. Las dos partes se necesitan mutuamente para avanzar.

Si alguien piensa que marchándose de España va a vivir mejor, se equivoca plenamente. En un mundo globalizado, y desde el punto de vista económico, nadie habla de una Cataluña independiente, sino de una España fuerte y de una Cataluña que la acompaña en su futuro y en su desarrollo.




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