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viernes, 22 de junio de 2018

SIGUE EL DISPARATE ELÉCTRICO Y LA INOPIA GENERALIZADA




Millones de españoles se van a llevar una sorpresa con las próximas facturas de la luz. No será agradable, ya lo podemos avanzar. El pasado mes de mayo, y lo que va de junio, el precio de la electricidad está en valores extremadamente altos. Ha dado lo mismo la lluvia, la generación renovable y todo lo que venden los distintos gobiernos para decir que el recibo será más barato. El coste de la luz sube y nadie explica por qué.

El exministro de Energía, Álvaro Nadal, pasó una temporada tuiteando a diario los precios de la electricidad que marca el mercado spot español, que es el que compran las comercializadoras para hacerlo llegar a los hogares. Este precio ha estado en el mes de mayo por encima de los 60 €/MWh, momento en el que Nadal se olvidó de la contraseña de su Twitter. Estos picos no se recordaban ni en los pasados inviernos que fueron extremadamente tensos en los costes.


Cabe recordar que este precio supone casi la mitad del recibo de la luz doméstica, el resto viene con tasas, impuestos y peajes fijos. Por lo tanto, se trata de algo esencial en el consumo de los hogares. Entonces, ¿por qué nadie explica cómo se están dando estos precios tan altos? ¿Si el exministro decía que lloviendo sería más bajo el precio, qué pasa? ¿Cómo puede ser que con todo lo que ha llovido el precio no haga más que subir?

Explicar cómo se configuran los precios de la luz y de dónde surge esa cifra es realmente complicado. Básicamente lo que se hace es generar un pool de energías, entre las renovables (sol, agua, eólica…), más el carbón, el gas, nuclear, ciclos combinados… De esta mezcla se va cogiendo las más baratas en su producción, que son las renovables. Y, poco a poco, se van añadiendo las más caras hasta cubrir la demanda. El último tipo de energía añadido al mix marca el coste. Aunque el sistema se argumenta sobre un modelo de casación de ofertas con respecto a lo que se consume que podría establecer la hidráulica como marcador de los precios.

Entonces, todo bajo control. Llueve mucho, hay agua en los embalses y de este modo se podrá referenciar un precio más bajo. Pero nada más lejos de la realidad, encima de haber pasado una primavera con el tiempo feo y gris, el recibo de la luz será un golpe para los bolsillos.

EL AGUA NO BAJA LA FACTURA DE LA LUZ

La situación, de nuevo, no es fácil de explicar. Las empresas propietarias de las grandes centrales hidráulicas ofertan el agua embalsada cuando más les interesa, y eso suele ser cuando se producen picos de demanda. Además, el mercado les permite vender esa energía al llamado coste de oportunidad.

Esto significa que por esa agua pueden pedir un precio más elevado de lo normal. Lo cual, implica, que pese a la casación daría lo mismo, porque el dinero que pueden pedir estaría al nivel del carbón o el gas, cuyos costes de producción son mucho más elevados. Por ello, las empresas no tienen incentivos para producir energía hidráulica a cualquier hora del día, sino justo cuando más se paga por ella, ya que pueden obtener mucha más rentabilidad.

Junto con esta situación, se ha dado una tormenta perfecta, y no precisamente para ayudar, y es que la eólica ha estado floja, no ha habido mucho sol; y la nuclear, que es otra de las energías baratas en su producción, ha tenido centrales paradas por situaciones técnicas y de recarga de combustible.

En todo caso, la realidad última es que el precio sigue extrañamente disparado. Fuentes del sector consultadas no tienen claro por qué está sucediendo esto. O si lo tienen, no lo quieren explicar. Y éste es otro problema.

¿QUIÉN VIGILA LOS PRECIOS?

Es complejo entender la factura de la luz. También es difícil explicar cómo se produce la electricidad y cómo se pone el precio. Pero no menos extraño es controlar todo los demás. El encargado de vigilar la situación es la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

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