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viernes, 20 de abril de 2018

SILENCIAR EL ESCÁNDALO DE RAJOY


Es el propio Partido Popular quien provoca el "caso Cifuentes" cuando -por una filtración desde la propia redacción de La Tribuna de Cartagena -(filtración que ha sido inmediatamente resuelta -una vez asegurados de la misma- del único modo posible...) de "la que tenemos preparada respecto a la plaza de Registrador de la Propiedad en Santa Pola del presidente Rajoy": se trata de una táctica tan vieja como el propio PP; tirar balones fuera e intentar tapar un escándalo destapando otro y consiguiendo la máxima repercusión mediática gracias a la prensa que vive al amparo del pesebre del poder: es decir, prácticamente toda la prensa del sistema.

Rajoy se inicia prácticamente con un solo año de diferencia en la política, tras obtener la plaza de Registrador de la Propiedad: en 1978 obtiene su primer destino profesional, en Villafranca, León, que dejó en 1980 cuando consiguió la plaza de Padrón y, sólo un año después, en 1981, es elegido parlamentario autonómico por Alianza Popular. 


Pero Rajoy no se "pasó" a la política renunciando a los suculentos ingresos como Registrador de la Propiedad: acogiéndose a una normativa franquista de 1947, se reservó el 50% de los ingresos del registrador que le sustituía en su puesto.

Y de un modo un tanto curioso -posiblemente legal pero de todo modo INMORAL-, el año que Felipe González gana las elecciones ¡y por si después las cosas se pusieran feas!, al mismo tiempo que era nombrado a dedo director general de Relaciones Institucionales de la Junta de Galicia, obtenía la plaza de registrador en la barcelonesa localidad de Berga, una plaza que -obviamente- jamás ocupó y que volvió a obtener la sustitución acogiéndose a la ley de los primeros años del franquismo que le permitían seguir llevándose justo la mitad de los ingresos obtenidos por el sustituto de una plaza que nunca llegó a ocupar.

La llegada de los socialistas al poder hace que se revisen todas las leyes provinientes de la Dictadura; así las cosas, en 1984 el gobierno de Felipe González cambia la regulación de la función pública con una ley en la que se establece que los los registradores, que ocuparan puestos por designación, tan sólo podrían percibir “las retribuciones del puesto o cargo efectivo que desempeñen y no las que les correspondan como funcionarios”.

Esto produjo un cabreo monumental en el entonces concejal de Pontevedra, Mariano Rajoy, que venía a perder "el gran chollo" de su vida. Pero no perdió ese inmoral privilegio de cobrar por algo que no hacía: en 1.985 volvió a presentarse al concurso de unas plazas en las que no ejercía y lograba la titularidad del registro de Elche y, pocos meses después, cuando el actual presidente del gobierno es designado presidente de la Diputación de Pontevedra decide dar el golpe final para asegurarse un futuro millonario el resto de su vida: gracias a sus influencias y su poder político logra que se le otorgue la cualificación de "paso a servicios especiales con reserva de plaza" o, lo que es lo mismo: impunidad para seguir cobrando el resto de su vida (aunque no tenga la menor intención de pisar un registro mercantil) el 50% de los extraordinarios honorarios que se derivan del mismo en el que coloca al sustituto que él mismo designa.

Pero no termina ahí la codicia de Rajoy; un año después -mientras se estrena ya como parlamentario en el Congreso de los Diputados- consigue que a la plaza de Elche se sume la de Santa Pola (de extraordinaria facturación por su localización marítima).

Es el año excelente para el presidente acual del PP: 50 % de ingresos de uno de los registros con más alta facturación de españa y nombramiento como número 2 de la Junta de Galicia por un Fernández Albor a punto de jubilarse.

Rajoy, el negocio de su vida, el secreto mejor guardado y el "lobby de la pérdida de aceite"

Pero como la vida da muchos vueltas, el previsor Rajoy jamás quedará en el paro ni tendrá que solicitar ayudas para la subsistencia a los servicios sociales: cuando en 1987 se produce la moción de censura en Galicia, Rajoy solicita su reingreso a la plaza de Elche + Santa Pola a un oficio en el que prácticamente nunca había ejercido. Él mismo confiesa a sus más allegados que "menos mal que se trata de un trabajo en el que todo lo hacen los oficiales de la oficina y que él sólo se limita a estampar su firma" porque no se acordaba de nada de los apuntes de aquellas viejas oposiciones (de cuyo curioso y notable aprobado también les hablaremos en próximas informaciones en La Tribuna de Cartagena).

Pero sólo dos años recibe Rajoy la brisa del mediterráneo porque en el año 1989 vuelve a ser elegido parlamentario en el Congreso de los Diputados.

Pero Rajoy sabe muy bien que no renunciará jamás al negocio de su vida: Santa Pola.

Para no perder jamás ese 50% de la millonaria facturación de uno de los registros más coficiados de España, Rajoy, personalmente, designa a su "sustituto temporal" (una temporalidad que se prolonga ya por más de dos décadas) y para ello busca a su buen amigo Francisco Riquelme que, desde ese momento y hasta la fecha de hoy, se convierte en el socio "tácito o explícito" de un negocio -a todas luces inmoral- llamado registro de la Propiedad de Santa Pola.

En próximas entregas les ampliaremos mucha más información a este respecto, una información veraz y contrastada que también afecta a toda la familia Rajoy a la ifluencia del "lobby de la pérdida de aceite".

Le sugerimos sigan pendientes de las próximas noticias que publicaremos en La Tribuna de Cartagena.

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