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sábado, 17 de febrero de 2018

EL BITCOIN ME HA ARRUINADO LA VIDA


Antonio Andrés Henche puso durante un tiempo su ordenador al servicio de la misión de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre de la NASA. Estaba dado de alta en un programa de Berkeley que reclutaba voluntarios para analizar, en ratos muertos, la información obtenida por los radiotelescopios del programa SETI. Un día se aburrió de rastrear alienígenas y decidió ocupar ese vacío con otro proyecto del que había leído en internet y que no había terminado de entender del todo: el minado de criptomonedas, concretamente de bitcoin.

Era octubre de 2010
Antonio explica su historia en el mesón de un polígono industrial de Getafe. Hace un par de días abonaron todas las rotondas de la zona y el olor es intenso en el aparcamiento de tierra. Antonio es ingeniero informático, tiene 42 años y del menú de nueve euros pide rollitos de primavera y pescado. “La gente se cree que estoy forrado porque entré en el bitcoin al principio del todo. Pero la verdad es que tengo lo justo para vivir”.
Cuando él empezó a minar no hacían falta máquinas de gran potencia y el trabajo podía hacerse incluso con un ordenador personal en casa. “Llegué a minar 4-5 bloques de bitcoin en una sola noche. De cada uno de esos bloques salían entonces unos 50 bitcoins, que no tenían valor todavía ni se sabía que lo fueran a tener. Meses antes se había realizado la primera transacción para comprar dos pizzas, pero yo lo desconocía. El caso es que estuve haciéndolo unos meses y seguro que llegué a generar más de 500 bitcoins, tranquilamente podría haber llegado a los 1.000 bitcoins”. Al cambio actual serían más de seis millones de euros. Al cambio de finales del año pasado, más de 10 millones de euros.
El trabajo lo hacía una máquina virtual con Linux que conectaba a su ordenador portátil y que empezó a darle problemas. “Además del calor que generaba, me dio por actualizar y, al compilar unas librerías, se puso corrupta la máquina virtual y perdí el sistema de arranque del disco duro. Para rematar, el portátil se rompió durante un viaje a Casablanca por trabajo y se hizo inviable reparar el disco. Vamos, petó el ordenador y no tenía copia de seguridad de aquello, por lo que dejé de tener acceso a mis bitcoins, que se convirtieron en lo que se llaman direcciones durmientes: direcciones que tienen entradas, pero no salidas”.


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