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miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL REY ES EL JEFE DE UN ENTRAMADO MAFIOSO


El exteniente del Ejército de Tierra, Luis Gonzalo Segura, nos cuenta en esta entrevista los entresijos que a día de hoy rodean a las Fuerzas Armadas. Corrupción, casta, impunidad… todo ello con ejemplos que arrojan luz sobre cómo funciona realmente este "Estado feudal" dentro del Estado español.

Quedamos con Luis Gonzalo Segura una hora antes de la presentación de su nuevo libro ‘El libro negro del Ejército español’ para realizar esta entrevista el pasado 23 de noviembre. Todavía no nos hemos sentado y ya hay personas que se acercan para saludarlo y pedirle que le firmen su libro. Con la amabilidad que lo caracteriza –nos acabamos de conocer pero es la sensación que me transmite- va saludando una a una mientras ejerce su cometido.
Tras la entrevista, y ya durante la presentación del libro, el consejero de Economía del Ayuntamiento de Zaragoza, Fernando Rivarés, quien lo acompaña, lo describe como una persona valiente a la que le declara su admiración. No le falta razón. El haber escrito este libro, pionero en crítica al Ejército español, revela que a Luis Gonzalo le sobran las agallas para enfrentarse a gran parte del estamento militar con todo lo que ello conlleva. 
En tu último libro ‘El libro negro del Ejército español’ denuncias que las actuales Fuerzas Armadas siguen siendo las de Franco, pero estandarizadas a niveles OTAN. ¿A qué te refieres con esta afirmación?
Hay un capítulo dentro del libro donde se habla del franquismo, manifestaciones franquistas, símbolos franquistas, actos franquistas, exaltaciones franquistas… es absolutamente disparatado, y eso que este libro es un ejercicio de síntesis, aunque no lo parezca. Hay capítulos que darían para un libro entero.
Una de las denuncias que yo realicé es que la cúpula militar sigue siendo eminentemente franquista, aunque siempre puede haber excepciones. Es algo que como muchas otras afirmaciones parece muy duro pero empiezas a leer el libro y te das cuenta de que eso está justificado. Desde ese punto de vista pongo dos ejemplos en el libro que creo que son muy certeros para comprender la diferencia que hay entre “habernos modernizado” y “habernos democratizado”, que son dos conceptos diferentes.
El Ejército turco es un ejército OTAN, y el Ejército saudí es un pseudo-ejército OTAN, pero ninguno de los dos cuenta con oficiales que sean demócratas. A los saudíes no me los imagino siendo ni demócratas, ni como amantes de los derechos humanos, ni del derecho internacional. ¿Son modernos? Sí, desde luego que sí, pero, ¿qué está haciendo Arabia Saudí en Yemen? ¿Son ejércitos demócratas? No. De hecho en esencia tienen los mismos problemas que tiene el español: carecen de sindicatos, carecen de derechos y libertades… cosa que no ocurre en Bélgica, en Alemania, etcétera.
Lo que ocurre es que nos han engañado diciendo que como ya somos modernos, somos un ejército demócrata. No. Como estamos en la OTAN somos un ejército moderno. Sí, pero no somos demócratas, son dos cosas muy diferentes.
También señalas en el libro que esto es una muestra de que el relato que nos han contado de los últimos 40 años no es, ni ha podido ser el que se sostiene actualmente. ¿Te refieres a que la Transición española no fue tan modélica como nos la han “vendido”?
Sí. El libro trata en las primeras 500 páginas, de forma más o menos concienzuda, de lo que pasa en el Ejército. Pero claro, la pregunta es: si después de 40 años seguimos teniendo un ejército eminentemente franquista, en esencia, que se puede ver claramente, con los mismos ‘tics’ que tenía en la época de Franco y con esa modernización de la que hemos hablado, ¿cómo puede ser eso posible?, ¿el resto de la sociedad es una democracia también? No, no puede ser porque si el resto de la sociedad fuera demócrata, profundamente demócrata, el choque sería bestial.
Uno de los ejemplos que se ponen es, si nosotros cogiéramos este ejército y lo pusiéramos en Suecia, el choque sería tan tremendo entre la sociedad sueca, entre los medios de comunicación suecos, entre la clase política sueca… sucedería que, o el ejército termina con la sociedad sueca y da un golpe de Estado, que podría pasar vistos los antecedentes históricos, o la sociedad sueca terminaría cambiándolo. Ese choque nosotros no lo vemos.
Es decir, cuando vemos todas las aberraciones que se relatan en las primeras 500 páginas, no sentimos que haya una incomodidad especial en los ministros, en los medios de comunicación, en la sociedad… Oigan, que tenemos un capitán que ha sido condenado por 28 delitos de abusos sexuales.
Un ejemplo. En Holanda, hace un mes y medio una mina en mal estado que mata a dos militares, obliga a dimitir a la ministra y al Jefe de Estado Mayor de la Defensa. ¿Por qué? Porque eso es inaceptable. Pero es que además hay casos mucho más graves que los que ha tenido Morenés. “Estas minas se han guardado a una temperatura que no se deberían haber guardado”, “se compraron de forma apresurada”… ni siquiera hay una corruptela clara detrás, hay una negligencia pura y dura, y obligan a la dimisión.
Ahora nos vamos a Pedro Morenés. Dos accidentes de minas en mal estado generan ocho muertos. Dos accidentes con helicópteros en mal estado generan siete muertos. Total, quince muertos en cuatro negligencias. Ni se planteó dimitir, ni la sociedad le pidió que dimitiera, ni los medios de comunicación le pidieron que dimitiera.
Ahí tenemos un ejemplo muy claro con el accidente del Yak-42. 
Así es. Además el accidente del Yak-42 es con el capítulo con el que arranca el libro. Ahí tenemos algo todavía más grave que lo que hablamos en Holanda, ya no por el número de muertos, es que además ahí tenemos varios ejemplos de corrupción asociada. El 70% de las partidas presupuestarias se perdían, no se habían contratado los seguros cuando se tenían que haber contratado… ¿Dónde está ese dinero?, ¿dónde están los que tenían que haber contratado ese seguro? Y lo más grave de todo, casi quince años después no hay responsables. Es que no se han localizado a quiénes eran los responsables. Oiga, ¿quiénes eran esos responsables?, ¿cómo puede ser que ni siquiera se les haya juzgado? Es decir, es que esa gente ni siquiera se ha sentado en un banquillo. Esto es algo tremendo.
Esto ya te empieza a revelar que nuestra sociedad no es una sociedad democrática, o no es una sociedad democrática avanzada, que es como debería de ser. Al final esta es la conclusión más evidente. “Tengo un ejército franquista porque tengo una sociedad franquista”. ¿Franquista 3.0? Sí, pero franquista.
¿Podríamos decir que el Ejército es un Estado dentro del Estado español?
Sí, con toda seguridad. Además lo es, permitido. En el libro se explica esta otra parte que jamás se había abordado hasta ahora porque por norma general no hay ensayos críticos. Es evidente que a día de hoy existe un entramado que rodea a las Fuerzas Armadas y que se está lucrando de esas negligencias. Se ponen casos como el submarino que no flota y que no se propulsa, este es un ejemplo absolutamente revelador que se ha llevado 2.500 millones de euros. Hay 3.500 millones de euros documentados en el libro que a día de hoy se encuentran en almacenes. ¡3.500 millones!
Tenemos un avión, que es el A400M, del que compramos 27 unidades y devolvimos 13 que nos han costado 5.000 millones de euros. Y devolvimos esos 13 porque resulta que tenemos unas graves carencias a nivel operativo, por almacenamiento de carga y repostaje en vuelo. Pero oigan, que nos hemos gastado 5.000 millones ¿y ahora devolvemos trece unidades porque no es tan bueno como pensábamos que era? Claro, sumas 5.000, 3.500, 2.500 y son más de 10.000 millones en un momento, en dos páginas del libro. Es un disparate absoluto. Y nadie dice nada, nadie protesta.
Realmente, este ensayo tendría que haber sido un escándalo. La gente se tendría que haber llevado las manos a la cabeza. Hay un absoluto temor y una absoluta connivencia en las Fuerzas Armadas, lo que sucede es que no se nos transmite. En la última presentación alguien me dijo: “A diferencia del franquismo y de los primeros años de la Transición –aunque yo no creo que haya existido ningún tipo de Transición. Quizá lo que ha habido es una adaptación a los tiempos- se oía mucho a los generales y ahora no se les oye”. No no, perdona, ahí están las manifestaciones de los generales. Los generales siguen hablando, siguen dirigiendo la política y entrometiéndose en ella. Lo que pasa es que no se le da la relevancia que se les daba hace 40 años, pero no quiere decir que no pase.
Hace poco tenemos a un señor, que es el general Jaime Domínguez Buj, afirmando que: “Cuando el Gobierno central es débil, las colonias -en clara referencia a Cataluña- terminan por independizarse”. Tenemos también al teniente general Mena diciendo: “Ojo que aquí está el artículo octavo y que los que tenemos que intervenir somos nosotros”. Todo eso está ahí. Otra cosa es que los medios de comunicación no reflejen ese juego, y si no lo reflejan la ciudadanía piensa que no existe. Pero sí hay esa amenaza. Seguro que las Fuerzas Armadas han sido uno de esos estamentos que han generado presión para que el presidente del Gobierno finalmente haya usado el artículo 155. Máxime en una operación que yo entiendo que ha sido completamente innecesaria. Lo del despliegue policial ha sido totalmente innecesario además de absurdo. Todo esto ha sido generado por grupos de presión. ¿Uno de esos grupos de presión ha sido el Ejército? Por supuesto.
Las declaraciones están ahí, pero eso no quiere decir que no existan y que no lleguen a donde tienen que llegar. Entonces, es muy duro que tengas a una enorme cantidad de altos mandos amenazando con intervenir militarmente en Cataluña y que los medios de comunicación no lo cuenten. Y al final te das cuenta que es un problema generalizado.
Luis Gonzalo Segura. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Volviendo a la corrupción sistemática en el Ejército, ¿cuándo te diste cuenta que esto era una práctica generalizada?
 
No te das cuenta desde el principio. Yo entré de soldado durante tres años y luego ascendí a Oficial con una oposición. Y si es cierto que en mis primeros tres años yo vi corruptelas, pero eran corruptelas menores. No me justifico, pero estaba absolutamente dormido. Además creía que el Ejército había cambiado, había evolucionado. A partir de ahí entro en la Academia y lo cierto es que ya empiezo a chocar con el Ejército de Franco. Antes había estado en una Unidad donde hacíamos mapas… es decir, aquello era el Ejército pero al mismo tiempo no lo era. Ahí nunca tuve la sensación de estar en el ejército de Franco, pero en la Academia sí.
Yo he visto a cadetes llorar porque ese año había que quitar la estatua de Franco. Estamos hablando de los años 2005 y 2006. Claro, cobras un sueldo a final de mes, era una oportunidad económica para mí… y al final miras para otro lado con todo el descaro del mundo. Te empiezas a sumergir poco a poco en una secta en la que, bueno, cobras al final de mes y como hay muchas personas y no está mal visto, te empiezas a dejar llevar por la corriente, que es lo fácil. Entonces es obvio que yo fui uno de los muchos cretinos en este país.
Pero siendo ésta la norma general y a la vista de todo el mundo, ¿nadie hace nada?, ¿por qué, por miedo?
El poder socializador es terrible y los que tienen el poder son ellos. Te pongo como ejemplo el chat de la Policía municipal de Madrid, que ha salido hace poco en los medios, en el que se decían auténticas aberraciones. En ese chat hay más de 100 personas, pero los que están activos son cinco o seis. Lo que ocurre es que los que están ahí perciben claramente que esa es la ideología dominante. Es decir, que mientras te sitúes en ese bando no tienes problema. Entonces, hay más de 90 personas ahí que no abren la boca y que seguramente leen eso y dicen: “A estos se les está yendo la ‘pinza’”. Pero no dicen nada, ni se van para que no los identifiquen y vean que abandonan el grupo. Eso es lo que al final muchas personas hacemos, nos callamos…
En el Ejército hay mucho más que ese 6% que a lo mejor puede haber en la Policía municipal. Hay auténticos fascistas. Hay señores que entras en su despacho y tienen una bandera de Franco. He conocido a militares que tenían uniformes de las SS –organización paramilitar al servicio de Adolf Hitler-. Claro, todo eso es dominante. De hecho, cualquier persona con otro comportamiento, y te lo digo yo que era una persona totalmente progresista cuando entré al Ejército, termina metiéndose en el armario. Lo que ocurre es que al final llega un momento en el que dices: “A día de hoy soy una persona infame, absolutamente detestable. Esto, por mucho que a mí me den un salario con esto no puedo”.
(Interrumpo) Desde luego, a mi modo de ver, hay que tener mucho valor para denunciar todas estas prácticas corruptas viniendo de donde vienen.
No, al contrario. Al final, y lo cuento en el libro, yo tengo que pedir perdón por no haber sido capaz mucho antes de tomar una decisión. ¿Qué es lo que pasa? Volvemos a lo mismo, es muy cómodo estar en tu puesto de trabajo, ganar 2.000 euros, ser una persona respetada… porque ser franquista es ser una persona respetada. Ahora mismo, yo no siento de forma generalizada el respeto que sentía cuando era Oficial. En líneas generales formar parte del ejército genera un respeto.
Yo ahora digo que soy una persona crítica con el Ejército y soy un ‘apestado’, socialmente hablando. Yo a día de hoy voy a buscar un trabajo, digo que soy una persona crítica y cuento lo que he hecho y me van a decir que para su trabajo no me quieren. Sin embargo, si yo digo que soy oficial del Ejército seguro que la cosa cambia. Genera prestigio formar parte de una estructura como el Ejército.
¿Recibiste presiones para no denunciar este tipo de situaciones?, ¿te intentaron comprar en algún momento?
Por supuesto que me han intentado comprar. Lo que sí es cierto, y esto es muy importante, es que yo soy una persona indignada. Es decir, formo parte de ese movimiento de indignados que un día se cansaron. También es cierto, y no lo digo en mi descarga, que hay un antes y un después, 2004-2005, que empieza a haber ese acceso generalizado a Internet. Y ese acceso generalizado provoca que información que antes existía pero quedaba reducida a grupos que el sistema ya se encargaba de marcarlos claramente como extremistas, esa información se empieza a leer y empiezas a ver lo que hay alrededor. Entonces, de alguna forma esa es la desconexión de ‘matrix’.
A partir de ahí, pasé de ser una persona indignada a pensar que era inasumible seguir dentro del Ejército sin cambiarlo, sin ejercer una lucha. Y eso es lo que hice. Le dije a mis jefes: “Quien pase esta línea, lo denuncio”. Y cuando llegan las primeras denuncias te puedes imaginar.
De hecho, estuviste en prisión militar y en huelga de hambre durante un periodo de 22 días. ¿Recibiste muestras de apoyo durante este tiempo?
Sí, sí que las recibí. Hay muchas personas que me han apoyado y de hecho estoy muy agradecido a las personas que conocí, a medios de comunicación como vosotros que son gente que se implica de verdad, y estoy absolutamente agradecido. ¿Qué es lo que pasa? Que también he recibido lo contrario. La exposición mediática hay quien la toma como… bueno, la gente te ve en televisión y se piensa que eres famoso, que ganas mucho dinero y que eres muy feliz por salir en televisión. Esto, aunque parezca absurdo la gente piensa que es así, y no es verdad.
En mi caso, yo soy una persona extremadamente conocida en del mundo militar. Igual que si yo paseo por la calle, no tengo la sensación de que la gente me conozca, en el mundo militar, te aseguro que si hay 120.000 militares raro será que haya alguno que me vea por la calle y no me identifique.
Hay mucha gente que me odia dentro del mundo militar. Yo vengo a Zaragoza, que es la cuna de la ‘oficialidad’ –por la Academia General Militar-, y he vivido todo tipo de insultos, de presiones, de amenazas, de decirme: “Hay que pegarte dos tiros”. Claro, soy una persona que de repente está diciendo que “esto está funcionando mal, que es una secta”.
El que hasta ahora iba a una comunidad de vecinos y decía: “Yo soy Teniente Coronel”, y esa persona era respetada, de repente llega un día y empiezan a salir una serie de informaciones que dicen que esa persona no es una persona respetada, eres una persona que forma parte de una especie de secta mafiosa que está dilapidando el dinero de los ciudadanos. Entonces claro, esa persona siente que yo estoy mermando su credibilidad ante la sociedad, y realmente es así.
Creo que hay un antes y un después de la publicación del primer libro ‘Un paso al frente’, y creo que este libro va a ser todavía mayor en cuanto al antes y el después, aunque va a venderse a un ritmo más lento, pero creo que más sostenido porque no hay otro ensayo crítico. Cualquiera que quiera tener una información y una visión crítica del Ejército, sólo va a encontrar este. Y tengo la sensación de que no va a haber otro en bastante tiempo porque este tipo de libros merma la credibilidad de muchas personas.
Aseguras en tu página web que “es un disparate que el rey siga siendo el Jefe de las Fuerzas Armadas”. ¿A qué te refieres exactamente con esta afirmación? 
Al Rey le dedico varios capítulos en el libro. El rey es el jefe de un entramado mafioso, y esto es así porque hay datos que lo sostienen. Ahora ya lo puedo decir abiertamente. Antes, todas estas manifestaciones parecían ‘frikis’, parecía que yo las hacía por llamar la atención y dar grandes titulares en una entrevista. Pero claro, lees el libro y dices: “Esto no son grandes titulares, es que esto es así”. Es evidente. Es el “hijo de Franco”, y el rey actual es el “nieto de Franco”. Quien pretenda encajar históricamente que ha habido un punto de inflexión en el 78, porque incluso a mí me da rabia que haya partidos progresistas que hablan del ‘Régimen del 78’… No no, oigan esto es el ‘Régimen del 39’.
Históricamente, cuando pasen 150 o 200 años, los historiadores no van a poner una raya en el año 78 y van a decir lo que había antes era de una forma y lo que hay después es de otra. Eso no lo va a hacer nadie. Nosotros lo hacemos porque evidentemente tenemos que ser autocomplacientes con nosotros mismos y decir que ya no vivimos en lo de antes.
Igual que Alfonso XIII, a principios del siglo pasado, no tenía las mismas atribuciones y los mismos límites que existían a principios del siglo anterior. Pero eso no quiere decir que el Régimen fuera distinto. Es decir, lo que había a principios del siglo XX era lo mismo que había a principios del XIX. ¿Los ciudadanos tenían más derechos y libertades? Obviamente, claro que sí. Nadie puede sostener que en 1900 un ciudadano tenía las mismas oportunidades y derechos que en 1800, y si alguien lo sostiene me parece una aberración.
Ahora bien, que ahora tengamos más derechos, libertades y oportunidades que en 1939, no quiere decir que el Régimen sea diferente. Y además, históricamente, estamos hablando del mismo periodo. Entonces, desde ese punto de vista, es como si tuviéramos un dictador como Jefe de las Fuerzas Armadas. Y este es el primer punto que nos revela que algo no está bien, porque si el rey fuera demócrata, empezando porque habría hecho 400 referéndums, saldría de su propia cabeza el darse cuenta que es una aberración que él dirija las Fuerzas Armadas.
Porque, esto pasa en aquel conflicto que hubo, y que para mí es un golpe de Estado, entre Suárez y el rey, lo que ocurre a día de hoy si hay una diferencia de pareceres entre el presidente del Gobierno y el rey, lo que genera es una bicefalia, y claro, si el rey es el Jefe de las Fuerzas Armadas es el que termina por tumbar al presidente elegido por los ciudadanos. Porque todos estamos pensando en Mariano Rajoy, en Pedro Sánchez… pero, ¿y si el presidente del Gobierno es Pablo Iglesias, quiere una República y quiere, de alguna forma, tumbar democráticamente al rey? Entonces tenemos un conflicto. Y en ese conflicto, tenemos que el rey es el Jefe de las Fuerzas Armadas, y claro esto es un disparate.
De hecho, en Holanda, que también hay monarquía, en Bélgica, que también hay monarquía, el rey no tiene las atribuciones que tiene nuestro rey aquí, ni mucho menos, tiene un control parlamentario extraordinario. Hoy, el rey hace un llamamiento a las Fuerzas Armadas para intervenir en Cataluña, y diga lo que diga el presidente del Gobierno, las Fuerzas Armadas se presentan en Cataluña. Es un disparate. Eso no puede suceder en una sociedad demócrata.
Luis Gonzalo Segura. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)
Actualmente has acudido al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para denunciar tu caso. ¿Qué supondría que dicho tribunal te diera finalmente la razón?
Depende, me pueden dar la razón por dos cuestiones, una formal y otra de contenido. La formal es porque los jurídicos militares son pésimos, y como son pésimos, no porque sean peor que los demás, sino porque es un colectivo que no tiene rival. Es decir, los juicios son entre ellos mismos y siempre ganan. Entonces claro, como es un partido amañado no hace falta que jueguen muy bien, con que salgan a jugar es suficiente. ¿Eso qué genera? Que no sepan cerrar puertas, que si tuvieran una verdadera justicia independiente hubieran aprendido a cerrar. En mi caso han cometido muchos errores formales, y por ahí se les puede caer el edificio.
Y luego hay una cuestión de contenido básica que es la libertad de expresión de los militares. Es decir, ¿dónde está el límite? Y en este caso es obvio que se ha utilizado el concepto de disciplina y el de libertad de expresión para intentar que un denunciante no llevase a la ciudadanía una serie de denuncias de lo que estaba pasando.
Pretender que lo que yo he afirmado afecta a la disciplina y a la seguridad nacional es un disparate. Incluso en el caso de que yo hubiera cometido un exceso verbal, que no ha sido el caso, hay un procedimiento en la sociedad que ya permite solventarlo, y son las calumnias, las injurias y las difamaciones. Ese es el terreno de juego para solventar esas cuestiones. Pero el que yo diga que las Fuerzas Armadas son un sistema feudal formado por caciques, eso es algo que cuando uno lee el libro dice: “Esto, ni es una calumnia, ni es una injuria, ni es una difamación”. A lo máximo que puedes llegar es, “a lo mejor es un análisis que no es acertado”, pero no es un análisis que no esté argumentado.
En muchas ocasiones, en tus libros y entrevistas, utilizas el concepto ‘casta militar’, ¿a qué o a quién te refieres con esta calificación?
El concepto de ‘casta’ lo utilizo en primer libro, y eso es antes de existir Podemos. Lo que ocurre es que luego ha sido un concepto adoptado también por Podemos, aunque también ha sido, por supuesto, utilizado con anterioridad. Con esto quiero decir que es un término que no tiene nada que ver con lo que plantea Podemos. Y no por nada, porque yo me identifico ideológicamente con Podemos y además creo que no hay que esconder lo que uno es. Pero en este sentido, sí es un concepto más social que, a lo mejor, el que maneja Podemos, porque el que manejan ellos no es un concepto tan social, tan de cuna, es mucho más moderno.
Un electricista puede ser casta, es cuestión sólo de que pueda llegar a ello. En el Ejército, normalmente, eso no es así. En el Ejército hay una casta clara que se puede diferenciar por los apellidos, que se puede seguir incluso tres o cuatro siglos atrás. Hay una serie de apellidos que se repiten permanentemente. Yo, directamente, he estado con hijos de generales con los que también he estado. Hay un entrelazado familiar muy claro. Entonces, ese es un concepto de casta todavía más tradicional que el que maneja Podemos. ¿Por qué? Porque España está, no en el siglo XXI, en el siglo XX. Pero es que nuestras Fuerzas Armadas están mucho más atrás, se han quedado en el siglo XIX en el mejor de los casos.
Un señor que tiene un determinado apellido, aún siendo Oficial, se encuentra socialmente por encima del que es Oficial pero no tiene ese apellido. Y eso, a día de hoy, es algo que a nivel político no sucede. En el Ejército sí. En todos los sentidos, el Ejército es un Estado feudal. Históricamente, tú coges lo que es un Estado feudal lo llevas a las Fuerzas Armadas y tienes el reflejo de las Fuerzas Armadas. Es así porque está formado por diferentes señores que, en un momento dado, tienen una clara conciencia de clase pero cada uno dentro de su cortijo, de sus dominios, ejerce un poder absoluto. Te puedes encontrar que un Capitán, que es un rango militar medio, sea Jefe de una Unidad y sea dios en esa Unidad. Porque además, dentro de cada territorio manda un señor. Y todo esto se percibe.
Voy a poner un ejemplo. Cuando el Teniente General Mena empieza con esa pseudo amenaza de golpe militar en el año 2006, cuando se estaba gestando el Estatut de Cataluña, de ahí viene todo lo que hemos vivido ahora, cuando eso se produce le tenía que haber arrestado su jefe, que era el Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, el ‘mandamás’, y por encima de ellos estaba el JEMAD (Jefe de Estado Mayor para la Defensa), pero no es una persona que esté orgánicamente por encima, sino que es una persona que está al mismo nivel, de hecho tienen el mismo rango, y se considera que cada uno tiene su poder, su dominio. Cuando sucede aquello, el ministro no quiere arrestar directamente, aunque puede, al Teniente General Mena porque los militares lo podrían haber considerado un insulto. Entonces habla con el Jefe del Estado Mayor para la Defensa y le dice que hable con el Jefe Mayor del Ejército de Tierra y que arreste al Teniente General Mena. Pero este señor dice que no le va a arrestar, básicamente porque es igual que él. Y al final, es el JEMAD el que arresta a Mena.
Aquello es una chapuza jurídicamente hablando pero se la traga todo el mundo porque el mundo militar es así. Y además se considera un hecho absolutamente extraordinario porque es un injerencia del JEMAD en un territorio que no es el suyo. Curiosamente, a pesar de la amalgama de señores feudales que hay en las Fuerzas Armadas de diferente categoría, todo el mundo tiene muy claro cuáles son sus dominios y cuáles son sus atribuciones. Es algo absolutamente sorprendente. Todo ello en un barniz claramente mafioso-sectario.

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