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viernes, 20 de octubre de 2017

OTRA BATALLA PERDIDA POR MONCLOA



Pese a lo que el gobierno de Mariano Rajoy pretende, la realidad es que el independentismo catalán viene ganando numerosas batallas internacionales desde hace años.
Algunos países –no pocos de los cuales son socios nuestros en la UE y en la OTAN- han manifestado sin ambages su disposición a reconocer una república catalana independiente.
En muchos casos no son, precisamente, estados de poca importancia. Analizamos el reconocimiento internacional de Cataluña.

Desde que comenzó el camino que la Generalidad emprendió para declarar la independencia, uno de los objetivos que los separatistas han perseguido con más perseverancia ha sido el del reconocimiento internacional.
Rechazada por buena parte de los estados europeos, la Generalidad ha buscado allá donde fuera posible obtener algún tipo de audiencia. Algunos países europeos –de poco peso- han mostrado sus simpatías por el proceso catalán independentista. Pero los secesionistas no solo se han movido en Europa.
Mientras, el gobierno de España ha observado todo este proceso sin apenas moverse, y perdiendo todas las batallas de imágenes, una tras otra.

Acusaciones contra Rusia

El lunes 16 de octubre, el eurodiputado González Pons declaró que Rusia se encuentra detrás del movimiento secesionista catalán. La oportunidad de tal declaración no ha engañado a nadie, por cuanto ha coincidido con el momento en que la opinión pública denuncia con más ahínco la indolencia del presidente de gobierno, quien es señalado como el gran responsable de la crisis al alimentarla con su inacción.

El asunto no es de ahora. De círculos cercanos al gobierno español han partido acusaciones contra Rusia no sólo en esta materia, sino en otra muchas. Hace apenas unas semanas, ante las primeras acusaciones del gobierno en este sentido, el embajador ruso se sintió obligado a negar que su país estuviera alentando de modo alguno el separatismo en la región catalana.
González Pons, sin embargo, insiste en que dispone de pruebas del apoyo ruso al independentismo catalán, pero no ha aportado ninguna hasta este momento. Por supuesto, González Pons calla las gestiones que ha tenido que hacer durante los últimos años en los teóricos aliados bálticos de España en la OTAN para evitar un posicionamiento público de estos en favor de la autodeterminación catalana.

Aunque la intención de González Pons como portavoz oficioso del gobierno resulta diáfana, la verdad es que no tendría nada de extraño que Rusia hubiera, en efecto, intervenido. Es perfectamente creíble que a Rusia le interese hacer sangre en el flanco sur de la OTAN, sobre todo cuando esta organización está asediando a Rusia. Y tampoco es que tenga razón alguna para mostrar buena voluntad hacia una España que ha enviado sus tanques a su frontera con Letonia.
Pese a todo, cuatro días después del referéndum ilegal del 1-O, con motivo de la recepción al embajador español en Moscú, el presidente ruso Vladimir Putin declaró: “Ahora todos comentan la situación acerca del referéndum de independencia de Cataluña. No oculto que estamos muy preocupados por España, pero esto es un asunto interno del reino de España. Esperamos que se consiga superar la crisis”.

Los letones

Y eso que en España se conocía de primera mano, cuando Madrid envió sus carros de combate a Letonia, el apoyo de este país a la causa secesionista catalana. Lo que puede ser interpretado como tanto más irresponsable por cuanto Rusia acostumbra a ganar sus batallas contra la OTAN, últimamente por goleada.

De hecho, Letonia fue el primer país en mostrar algo más que comprensión hacia la causa defendida por la Generalidad secesionista de Artur Mas cuando, por boca de su primer ministro, Valdis Dombrovskis aseguró que la llamada “vía catalana” es un “mensaje muy poderoso, al que es necesario prestar atención”. Dombrovskis respondió a la pregunta de si apoyaría el proceso emprendido por las autoridades catalanas con un poco ambiguo “Si hay legitimidad en el proceso diría, teóricamente hablando, ¿por qué no?”.
El gobierno español ni se inmutó pese a que Letonia es miembro de la OTAN y de la Unión Europea, condiciones ambas que no han servido para nada a la hora de que el gobierno de Riga se posicionase a favor de Madrid. Sin embargo, Mariano Rajoy declaró en julio de este año que el despliegue exterior –por vez primera- de los Leopard y Pizarro en el país báltico quiere ser “una muestra de la solidaridad de España con sus aliados”, en referencia a Letonia, la misma que había abierto el fuego de los apoyos al independentismo catalán.
Para más inri, un informe de la Unidad de Inteligencia de la Policía Nacional dejó claro que los letones habían aceptado unos seis millones de euros por hacer las declaraciones que Artur Mas deseaba, tras el preceptivo regateo desde los diez millones que los bálticos solicitaban. Los seis millones, de acuerdo a la policía, habían salido de la masiva evasión de capitales a Panamá llevada a cabo por el clan Pujol.

Más bálticos

Otro que tampoco se mostró precisamente comedido fue el entonces primer ministro de Lituania –lo fue hasta finales de 2016- Algirdas Butkevicius, quien reflexionó acerca del derecho de cada país de “encontrar su propio camino”.
En mayo de 2017, Puigdemont se reunió con un llamado “grupo de apoyo a Cataluña” constituido por una delegación de ocho diputados y eurodiputados estonios, comandados por Artur Tavlik, quien se mostró de acuerdo incluso con la decisión de la Generalidad de emprender el camino del referéndum y la posterior declaración unilateral de independencia, aunque ello conculque la legalidad de un aliado atlantista y socio comunitario como es España.
González Pons ha intentado que Estonia –en su condición de país presidente de la UE durante el segundo semestre de 2017- “explique la realidad a la que se enfrenta Cataluña”, puesto que Puigdemont “oculta intencionadamente las consecuencias de sus planes y promete que Catalunya seguiría en la UE”, pero no parece que el gobierno de Tallin haya hecho de este asunto su prioridad.
La ignorancia que las pequeñas naciones bálticas hacen de los requerimientos de Madrid roza la burla. En septiembre del pasado año 2016, el cónsul honorario de Letonia en Barcelona colgó la bandera catalana independentista en el edificio del consulado con motivo de la Diada. El gobierno se dirigió a la embajadora letona en España, Argita Daudze, pero esta hizo caso omiso, y el ministerio de Exteriores optó entonces por retirar la acreditación del cónsul.
Lo más curioso del asunto es que dicho cónsul era Xavier Vinyals, conocido independentista con largas relaciones en Letonia desde que en 1989 marchara a ese país, de donde copió la idea de las cadenas humanas como modo de protesta que más tarde han sido tan profusamente utilizadas por la Cataluña separatista. Con el tiempo se convirtió en el presidente de la Plataforma Pro Selecciones Catalanas –con millón y cuarto de euros al año en dinero público- desde donde ha estado trabajando para Esquerra Republicana de Catalunya.

Los nórdicos

La derrota del gobierno español en el terreno internacional no se ha limitado al ámbito de la Europa oriental, donde acaso podría hallarse una cierta lógica y cuya repercusión internacional es de menor calado.
También en la Europa nórdica, la respuesta política difícilmente puede satisfacer los intereses españoles. El parlamento danés, como antes el suizo, ha aprobado una moción en la que solicita una “solución democrática y negociada” a la cuestión catalana, moción a la que se han sumado todas las fuerzas parlamentarias.
Los parlamentos finés y sueco han acordado condenar la “violencia policial”, de forma expresa en el caso de Helsinki, que ha llegado –nada menos- que a crear grupos de apoyo al independentismo catalán. Huelga señalar que ambos son teóricos socios de España en la Unión Europea; nadie en el seno de la UE y tampoco la unión como organización han reconvenido a ambos estados.
Con anterioridad, en el mes de agosto de 2017, el gobierno de la Generalidad había enviado una delegación a Copenhague que debía ocuparse de todas las relaciones con Escandinavia. De nuevo la respuesta de Madrid fue la pasividad. El resultado ha sido el previsible.

Belgas y eslovenos

Por su parte, el gobierno belga, en el que se cuentan los flamencos de la Nueva Alianza, ha manifestado su disposición a reconocer la república catalana; según ha declarado el ministro de Interior Jan Jambon, “Bélgica debería ser el primer país en reconocer la independencia de Cataluña”.
En Eslovenia, el presidente de la Asamblea Nacional de Eslovenia declaró que los catalanes “tienen derecho a la autodeterminación”, y el ex -presidente del país Milan Kucan –quien goza de un notable prestigio por ser el primer presidente del gobierno tras la independencia-, ha condenado el uso que el gobierno español hizo de “la fuerza y las amenazas de una intervención militar”.
Si el gobierno español no ha perdido la batalla de la propaganda es, sencillamente, porque no la ha dado. Tan solo ha hecho algún amago en el caso de los pronunciamientos de los partidos euroescépticos y soberanistas, que por ahora no tienen capacidad alguna de determinar las políticas de la UE.

El apoyo de Soros

Por supuesto, el multimillonario George Soros no podía ser ajeno a este asunto, y ha actuado a través de su Open Society Foundations, como en tantas ocasiones y de sus socios Jaume Roures y Carlos Vilarrubí. Su ayuda se remonta a los tiempos de Artur Mas, quien contrató a través de Diplocat al lobby Independent Diplomat, que depende del magnate judío de origen húngaro.
Entre otras asuntos, Independent Diplomat ha estado detrás de la independencia de Kosovo y de los rebeldes islamistas opuestos a Al-Asad. Su supuesto afán exento de lucro es repetidamente desmenido: Artur Mas ha soltado más de millón y medio de euros por el “asesoramiento” de las organizaciones de Soros.
Soros ha estado actuando en un doble frente. Por un lado, la televisión de Roures ha proyectado las imágenes de la represión policial al mundo, mientras esa misma tarde, el vicepresidente del FC Barcelona, Carlos Vilarrubí, intentaba que el equipo no jugase su partido de fútbol contra la UD Las Palmas, instrumentalizando al club para conseguir llamar la atención internacional. Leo Messi, que se negó a secundarle imponiendo jugar, le chafó la estrategia, y Vilarrubí dimitió.
Así opera Soros, lesionando los intereses del mismo gobierno español que le ha venido beneficiando desde hace años al permitirle hacerse con buenos paquetes de inversión en Cataluña Caixa, Iberdrola o Bankia e incluso entrar en Liberbank, a través del FROB.
Por supuesto, Soros defiende sus intereses, y está atento a la adquisición de suculentas propiedades inmobiliarias, ahora que el descenso del turismo que él mismo ha propiciado promete buenos precios en el sector.

¿Qué pasa con Israel?

Sin duda, uno de los objetivos de los independentistas ha sido el de granjearse el apoyo israelí. Desde el principio del proceso, Mas ha cortejado al estado judío con persistente insistencia y sin el menor tapujo.
El gobierno ha tratado de evitar la expresión de las simpatías israelíes de forma directa y también a través de Washington, pero es innegable que los secesionistas han conseguido algunos triunfos. En mayo de 2016, Artur Mas fue premiado por la Asociación Catalana de Amigos de Israel…y por la Comunidad Israelita de Barcelona. El presidente de la primera, Toni Florido, ha admitido que “el Estado de Israel no será enemigo de la república catalana”.
La Generalidad ha apoyado indisimuladamente a la Associació Catalana d’Amics d’Israel (ACAI), que cuenta con el apoyo de algunos independentistas de relevancia social, como Pilar Rahola o Salvadro Cardús.
Por su parte, la ANC presidida por el recientemente encarcelado Jordi Sánchez, tiene una sección judía pero ninguna musulmana, pese a que la población islámica en Cataluña es unas cincuenta veces mayor que la población judía.
Por otro lado, cuando los servicios de información españoles buscaban las urnas y las papeletas para el referéndum del 1-O, Israel era uno de los destinos donde se suponía que podían estar escondidas. La inteligencia española siempre ha partido de la base de que existen lazos entre Israel y la Cataluña independentista, algo sugerido por los frecuentes viajes tanto de Mas como Puigdemont al país hebreo, mientras que no han mantenido contacto alguno con los palestinos.
Santiago Vidal, senador de ERC, ha asegurado que el gobierno de Tel-Aviv ayudaría a Cataluña con préstamos una vez declarada la independencia. Lejos de reconvenirles por sus palabras públicas, el embajador israelí en España mantuvo una cena “privada” en el Palau de Sant Jaume con el presidente de la Generalidad en abril de 2016. No hubo información oficial de los asuntos que se trataron en dicho encuentro.
Santiago Vidal, quien tuvo que dimitir por su incontinencia verbal, pero que no ha sido desmentido y que, aún más, no parece exagerar con sus palabras, ha asegurado que la Generalidad ha llegado a pactos con la OTAN para cuando Cataluña sea independiente.
Los nacionalistas catalanes confían en Israel, Estados Unidos y Alemania para alcanzar un reconocimiento internacional efectivo. Ya Pujol en 1992 se confesó “sionista”, y Artur Mas ha reiterado las similitudes entre Cataluña e Israel cada vez que ha tenido ocasión. Desde el 2012, la Generalidad tiene un acuerdo de cooperación científica con la Agencia Industrial Israelí para la Investigación y el Desarrollo.
En el año 2013, el embajador israelí en España, Alon Bar, manifestó su equidistancia entre las aspiraciones separatistas y el gobierno español. “Sé que hay muchos catalanes que piensan que Israel es un modelo”, añadió para justificar su postura. Las comunidades judías de Cataluña, sin embargo, han evitado decantarse sobre este asunto, aunque alguna de nuevo cuño ha querido desmarcarse de las pretensiones nacionalistas.
El embajador israelí, sin embargo, compareció en dos ocasiones, en mayo de 2012 y junio de 2013, en la Comissió dÁcció Exterior del Parlament de Catalunya, como si se tratase del parlamento de un Estado.
Mientras, el gobierno español se ha movido para evitar los contactos entre catalanes y judíos, pero sin mucho éxito; así, la vista a Israel de Mas en 2013 estuvo precedida por unos denodados esfuerzos de Madrid por que Netanyahu no recibiese a Mas.
A tal efecto, el ministro de exteriores contactó con Alon Bar, y el ex -presidente José María Aznar, muy conectado con Israel en general y con Netanyahu en particular, habló con este, mientras que el CNI se dirigió al Mossad. Al final, tras una presión sin precedentes, Netanyahu rehusó recibir a Mas, pero Simon Peres mantuvo la entrevista concertada pese a todo.
Lo que le permitió a Artur Mas declarar: “Israel es claramente un compañero de viaje de Cataluña”.
Y, aunque el protagonismo de las CUP en los últimos tiempos haya levantado las peores sospechas en medios judíos, no parece que, en términos generales, las palabras de Artur Mas sean exageradas.

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