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viernes, 27 de octubre de 2017

LA VISIÓN PESIMISTA


LA ESPAÑA DECENTE ESTÁ SIENDO EXTERMINADA

La situación actual de España es tan difícil, compleja y dramática que quizás tengan razón los que creen que ya no tiene cura y que el país, si no ocurre un milagro regenerador, hasta podría desaparecer en pocos años. 

La parte más sana, decente y fiable de España, aquella formada por ciudadanos que piensan, cumplen, aspiran a la democracia y luchan por la regeneración, se encuentra acosada y batida por el fuego cruzado de los enemigos de la nación, sufriendo los embates de tres grupos deleznables: los políticos ladrones de Madrid, unidos en torno a la corrupción y la falsa democracia del régimen del 78, los miserables que se han atrincherado en las autonomías para construir allí sus propios reinos de egoísmo, ineptitud, despilfarro y poder, y los ladrones separatistas, reunidos bajo un nacionalismo excluyente, dogmático y suicida, detrás del cual sólo hay odio, ambición, totalitarismo y violencia. 


El dibujo de la España actual es patético y altamente preocupante: políticos culpables del desastre español que, desde Madrid, practican el saqueo, son ajenos a los valores democráticos y se niegan a regenerar el país; políticos atrincherados en las autonomías, donde nadie les ha impedido construir verdaderos reinos de taifas abusivos, que ellos dominan y gobiernan como reyezuelos despilfarradores y arrogantes; políticos nacionalistas fanatizados, cargados de odio y ambición, capaces de conducir a su pueblo hasta la violencia en las calles, la pobreza y la destrucción; una masa de españoles sin espíritu crítico, corrompidos y fieles a sus partidos e incapaces de ver que esos partidos han sido y son los grandes culpables de la situación de España. 

¿Cómo se ha llegado a esta situación de riesgo extremo, que genera preocupación en todo el mundo? 

Aunque culpables somos todos los españoles, la parte más enorme de la culpa corresponde a los políticos españoles y, sobre todo, a los que han gobernado y emponzoñado la política y la vida desde la muerte de Franco, el PSOE, el PP y los nacionalismos. 

Entre ellos, con sus ambiciones, agresiones a la democracia, destrucción de valores, siembras de odio, pactos a cambio de votos, incumplimientos de las leyes y profundo deterioro moral, han construido esta España que hoy, herida, retoza en el fango incapaz de resurgir. 

Frente a ese caos desolador, la parte sana de España se concentra en una minoría de ciudadanos conscientes, preocupados por la sucia deriva de España y asqueados por la baja calidad de la democracia, que no se fían de los políticos y de sus partidos y que, aunque desean regenerar la nación, no saben como hacerlo, sintiéndose rodeados de corruptos y de personas moral y políticamente dañadas. 

La esperanza de España reside en ese pequeño grupo de ciudadanos conscientes, empeñados en regenerar la patria, acribillado por el fuego cruzado de tres bandos a cuál más patético: el de los ladrones de Madrid, unidos en torno a la falsa democracia del régimen del 78, el de los reyezuelos de las taifas regionales, obsesionados por mantener sus privilegios y los de sus cortes de parásitos, y el bando de los ladrones separatistas, adictos al odio que segrega su nacionalismo excluyente y dogmático. 

No existe esperanza en ningún otro rincón de la nación, ni en una sociedad civil a la que los políticos han asfixiado y maniatado, ni en la Iglesia, minada también por la corrupción y por los mismos pecados que han hecho de la política un infierno, ni en las organizaciones sindicales y empresariales, ni en tercer sector sin ánimo de lucro, ni en ninguna otra parte. 

Ha llegado la hora de rezar para que por lo menos no se derrame la sangre y penetremos en la oscuridad plena. 

Francisco Rubiales 

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