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sábado, 10 de junio de 2017

BANCOS: ESOS GRANDES HDP Y, EL GOBIERNO CÓMPLICE DE LA GRAN ESTAFA

AUTOR: ALFREDO PASCUAL

"¿Que no pasa nada? ¡Lo habéis perdido todo! ¿He perdido un millón de euros y me dices que no pasa nada? ¿Que llamas a la policía? ¡Lo hemos perdido todo, mi hijo está en la ruina, ni siquiera tengo para pagarle una muchacha que cuide a mi padre! ¿Y encima tienes la poca vergüenza de decirme que no pasa nada?". El vídeo, que corresponde a una situación vivida ayer en una sucursal del Popular en Granada, se ha convertido en el icono del drama que están viviendo en torno a 300.000 inversores minoristas que, de la noche a la mañana, han visto cómo el valor de sus acciones se despeñaba hasta cero.

Este periódico ha localizado a la protagonista en Tahal, un pueblito almeriense de apenas 300 habitantes. Se llama Otilia y responde al teléfono en una situación curiosa: se ha dejado las llaves de la casa y el coche dentro del coche, que tiene cierre automático, y está atrapada en un garaje. "Tengo la cabeza ida, no como ni duermo, estoy pasando los peores días de mi vida", lamenta. Entrar en casa es lo que menos le preocupa en estos momentos: cuando supo que el Banco Popular, donde tenía depositados todos sus ahorros, había sido absorbido por el Santander se echó a la calle y aún no ha regresado a casa.
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Visitó varias sucursales en Almería y también en Granada, a donde se había desplazado con su hijo, que presentaba un trabajo universitario: "Yo solo les pedía un extracto de las acciones y ni siquiera me lo han dado. Cuando les pregunto qué ha pasado con mis acciones me dicen que cómo no me he enterado, que mire la televisión, que ahí me informarán. ¿Me tengo que informar por la televisión de qué ha pasado con el dinero de mi hijo? Esto es un fraude con mayúsculas".

Otilia ni siquiera sabe que su arrebato en la sucursal está sumando miles de adhesiones en las redes sociales: "No me meto en internet ni sabía que me habían grabado. Yo desde luego no lo he hecho, no sé cómo hacerlo", explica. Lo que el vídeo no muestra es que después Otilia fue expulsada de la sucursal y se presentó en los juzgados, donde no la atendieron: "Me dicen que si no me han hecho nada, que si no me han agredido, no puedo ni denunciarlos. O sea, que nos estafan, nos quitan todo el dinero, nos echan como a perros y ni siquiera podemos denunciarlos", relata con un tono que evidencia rabia contenida.
La almeriense sostiene que su marido, un profesor de universidad fallecido en 2015, "tenía una fortuna grandísima". Rompe a llorar nada más mencionar el asunto. En el vídeo asegura que ha perdido un millón de euros, pero prefiere no hablar de cantidades en público. Siempre según su relato, su marido habría depositado todos sus ahorros en acciones y bonos del Popular que había heredado el hijo de la pareja, de 23 años y estudiante de Farmacia.

Como tantos otros inversores, Otilia y su hijo no saben qué hacer. Están buscando abogados, pero aseguran no tener dinero suficiente para pagarles. Además, lamenta la almeriense, sus vecinos no la apoyan: "Me dicen por la calle que lo tengo bien empleado, que para qué ahorro nada. Aquí en Andalucía los que mejor viven son los que no tienen nada a su nombre, que reciben sus pagas y viven mejor que nosotros, que no hacemos más que trabajar y ahorrar".

Un rosario de afectados

Juan José López es militar y vive en Murcia. Desde 2008 hace sus pinitos en la bolsa, aunque no se atrevió con una inversión grande hasta el año pasado: "Compré 50.000 acciones del Popular en la ampliación de capital de mayo, cuando el título estaba a 1,88 euros. Como fue bajando progresivamente compré otras 30.000 a poco más de un euro para compensar. En total he invertido 120.000 euros en 80.000 acciones, los ahorros de toda mi vida", dice. Es más que eso: el último paquete accionarial lo obtuvo pidiendo un crédito de 20.000 euros que ahora tiene que devolver.
López compró Popular aconsejado por un broker del Santander. "Me dijo que es el quinto banco de España, que era un valor de absoluta confianza", relata apesadumbrado. "No culpo a nadie, ni a los asesores ni a las personas que en los foros me aconsejaron. Ahora lo único que puedo hacer es luchar para intentar recuperar mi dinero, porque creo que lo que nos han hecho es una injusticia".
Héctor trabaja en un taller mecánico, es natural de Girona y se ha quedado con 20.000 acciones en cartera. No es su nombre real: "Prefiero no revelar mi identidad porque estas inversiones eran personales y no quiero que mi familia, en especial mis padres, sepan que he perdido 25.000 euros que, para colmo, no eran míos". El catalán nunca había invertido, ni quería, pero en su sucursal le convencieron: "Un día la persona que me atendía en mi sucursal me aconsejó comprar acciones del banco. Me ofreció un crédito para comprarlas prometiéndome que en un año recuperaría suficiente dinero para amortizar el préstamo y los intereses y, además, ganaría un buen dinero", lamenta.

Héctor ahora no tiene trabajo y se las ve negras para pagar las cuotas del crédito: "Tengo suerte porque poseo un piso en Barcelona que me da una renta todos los meses, pero llego justísimo a fin de mes. Lo que más me indigna de todo esto es que el Santander valore a cero mis acciones, pero el crédito seguro que me lo va a seguir cobrando", afirma.
Laura, matemática ovetense con residencia en Santander, tampoco quiere que se conozca su identidad. Ella y su pareja han perdido más de 50.000 euros, los ahorros de varios años. Recuerda perfectamente la mañana del crack: "Me desperté y vi en los periódicos que el Popular había quebrado. Me metí corriendo a mi broker para venderlo todo y ya no me dejaba operar, el precio se había estancado en 0,31, la última cotización antes de sacar la acción del mercado". Lo que más le duele es que, meses antes, se había deshecho de todo el papel del Popular. "Vendí cuando empezaron los rumores, pero volví a comprar cuando llegó Saracho y el Gobierno salió al paso diciendo que el banco era fiable y que había superado todos los test de estrés", confiesa Laura.

La matemática sospecha que todo corresponde a una maniobra orquestada por la banca para completar una fusión a expensas de los accionistas: "En Santander todos sabíamos que Ana Botín y Saracho se han reunido en la ciudad y ahora sabemos para qué era, para acordarlo todo bajo manga", sostiene. Para la asturiana la pérdida no compromete la economía familiar, de modo que no está segura si recurrir a la justicia: "Soy muy poco optimista con esto, lo doy todo por perdido. Es una maniobra en la que están metidos el Santander, el Popular y el Gobierno con la complacencia de la Unión Europea, supongo que estará más que blindada como para que llegue un bufete de abogados y les doble la mano", concluye.

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