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viernes, 12 de mayo de 2017

ENTRE TODOS




JUEVES, 11 DE MAYO DEL 2017 - 10:45 H
La comunicación linguí­stica es sin duda una de las herramientas más importantes que poseen los seres humanos. Hablar es como jugar a las cartas: existen muchos juegos, pero hay que conocer y seguir las reglas para que tengan sentido. Cada dí­a barajamos nuestras cartas y, según el resultado que queramos conseguir, las ponemos en orden con mucho cuidado. Una combinación de palabras concreta puede permitir a un solo hombre crear barreras, declarar la guerra, mentir, llenar el mundo de odio y miedo. Del mismo modo, también permite al enamorado dar voz a su corazón, al poeta escribir millones de versos y al ciudadano luchar por sus derechos.
Lógicamente, no todas las cartas son eternas, con el tiempo se arrugan, se amarillean, envejecen y necesitamos conseguir otras nuevas. Por este motivo, salen a la luz neologismos, que son el reflejo de una sociedad que está cambiando, que está evolucionando rápidamente y es a cada instante más y más globalizada y tecnológica. 'Selfie', 'hashtag', 'poliamor', 'clictivismo', 'posverdad' y 'ningufoneo' son solo algunos ejemplos de neologismos creados especí­ficamente para describir nuevos fenómenos de una sociedad en movimiento. Alterar una lengua es herirla, pero tampoco tenemos que quedarnos atrapados en el pasado y perseguir ese purismo con un lenguaje obsoleto ya en trasformación. Sin embargo, una cosa es crear nuevas cartas porque faltan en nuestra baraja, Y otra es mezclar las cartas de dos barajas totalmente distintas. Esto último sucede cuando en lugar de utilizar palabras existentes en nuestro idioma, preferimos llenarnos la boca de anglicismos, porque suenan más 'cool'.
En el mundo Occidental donde asistimos al ascenso de partidos políticos nacionalistas, que en nombre de la defensa de la patria se cargan de odio y racismo, parece casi una contradicción adoptar extranjerismos, sin salvaguardar nuestro idioma, lo único que tendrí­a que ser protegido de una invasión. Renunciar a nuestros términos significaría desmantelar nuestra tradición, sin recibir nada a cambio, porque robando cartas de otras barajas corremos el riesgo de perder nuestra cultura.
Entonces, derribemos los muros que dividen nuestras naciones, pero sin perder nuestra identidad, porque es genial aprender juegos nuevos, pero sin abandonar nuestras queridas cartas.

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