Últimas entradas

Lo último

miércoles, 24 de mayo de 2017

EL GRAN FIASCO DE VIAJAR EN EL "AVE"

No sé por dónde empezar para describir la frustración de haber viajado en el "AVE", o pajarraco como lo llamaría yo tras esa desagradable experiencia.

Sin entrar en el gran despilfarro del proyecto, las polémicas estaciones sin usuarios y, la ingente cantidad de dinero que se debe haber ido en comisiones por las infraestructuras, lo que es indecente, lo que es incomprensible, es que una red especifica para este tipo de trenes, se haya hecho de una forma tan chapucera.

Hacía muchos años que no viajaba en tren, es la primera vez que lo hago con el "AVE" y creo que si puedo evitarlo no voy a repetir.


Sacamos los billetes por internet para ir del "Camp de Tarragona" a la estación "Delicias" de Zaragoza, ida y vuelta en el mismo día, siendo éste laborable.

A la estación de Tarragona ya había ido con ocasión de llevar a un amigo y, habría que ver a cuánta gente se habrá untado para tener la descabellada idea de construir una estación en el quinto pino en lugar de hacerlo junto a la ciudad y cerca de la autopista.

Una vez en la estación, se produce la primera sorpresa, 20 € por dejar el coche en el aparcamiento, si optas por dejarlo en la calle, debes dejarlo en el arcén donde ya hay docenas de vehículos formando una fila que llega casi al kilómetro, así que, o andas o pagas los 20 €.

Cuando vas a información para preguntar si tienes que validar los billetes que has sacado por internet, te atiende una señorita con un castellano de manual de bolsillo, desconozco que hubiera pasado si nos hubiéramos dirigido a ella en catalán, será porque en este país no hay paro ni gente preparada para ese puesto, a saber.

El tren llega casi puntual, dos minutos de retraso no son significativos, pero, teniendo en cuenta la tecnología existente, es raro que en el andén no hubiera un sistema que permitiera parar el tren en un punto exacto de manera que cada coche (vagón de toda la vida) quede en un punto concreto, señalizado en el suelo o con carteles colgados, de manera que si te toca el coche número dos y no sabes dónde va a parar, no tengas que pegarte una carrerita o entrar en el último y andar medio tren hasta tu asiento, algo que no requiere inversión y que resultaría muy práctico y cómodo para los usuarios.

El vagón va prácticamente vacío, los asientos no son muy cómodos, pero se pueden reclinar y ello hace que mejore un poco la posición del cuerpo, en los asientos de la siguiente hilera, una señora con un crío que no deja de berrear durante todo el trayecto, estamos de acuerdo que todo el mundo tiene derecho a viajar con niños, pero se podría organizar de manera que se pudieran destinar a todas las familias con niños en un mismo vagón (o coche).

Las pantallas de TV son minúsculas, con poca definición, como de juguete, los auriculares, del siglo pasado y sin funcionar, la película ni te cuento porque casi no se veía.

Empieza a arrancar, de momento parece que va con cierta suavidad, pero cuando empieza a incrementar la velocidad, también empieza el traqueteo, ese típico de los trenes de antes, sacudidas, ruidos, la bandeja porta equipajes superior, al estar fabricada de vidrio y metal y no llevar peso, no cesa de vibrar, las sacudidas y vibraciones incrementan según incrementa la velocidad, el tren no llega a alcanzar los 300 Km/h. algo comprensible, un medio que debería estar proyectado para alcanzar 400 Km/h. pero que con esas vías y sistema de suspensión, probablemente se desintegraría.

La media de velocidad no es la que mucha gente se cree, porque esa punta de 300 Km/h. se realiza durante cortos espacios de tiempo.

Casi transcurrida una hora, llegamos a Zaragoza, una estación que parece un aeropuerto, bien ubicada y con todos los servicios.

Nos sobraban un par de horas y le preguntamos al señor de información en Zaragoza si podíamos cambiar los billetes por un tren que sale una hora antes, pero claro, eso es algo muy sofisticado, a lo que nos responde que es imposible, es lo que tiene un servicio esmerado donde el cliente es lo primero.

A la vuelta, nos tocan dos asientos con mesa, delante de una pareja con otro niño, que digo yo, podrían reservar este espacio para grupos de cuatro personas, te toca delante de dos desconocidos, no hace falta que te diga el viajecito de vuelta con el niño y, por si fuera poco, en este caso, los asientos no son reclinables, la tele sigue siendo una porquería y los auriculares tampoco funcionan, lógicamente con el mismo traqueteo, las mismas sacudidas y, en esta ocasión no se oía el portaequipajes porque estaba lleno, justo enfrente, la puerta automática que separa nuestro vagón, o coche, con el vagón bar, sea por el aire que se arremolina en ese hueco entre vagones o por fallo en los sensores, la puerta no deja de abrirse y cerrarse durante todo el trayecto haciendo el viaje más ameno y con unas ganas locas de llegar.

Llámame tiquismiquis, pero, teniendo en cuenta lo que cuestan los billetes, los miles de millones tirados a la basura y que el talgo de hace cuarenta años era más suave y silencioso que éste, la sensación que se tiene ante tan desagradable experiencia, es la de que se trata del timo del siglo, que para lo único que ha servido es para hacer ricos a unos cuantos desaprensivos, para variar, no hay que olvidar que estamos en españistán, lo que me llama la atención es que amigos y conocidos que han viajado en él, no me lo habían comentado, se habrían quedado dormidos.

Claro que no soy el único que se queja, también aparecen otros usuarios contentos:




No hay comentarios: