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lunes, 24 de abril de 2017

UNA MADRE DESESPERADA

Una madre desesperada nos pide publicar esta carta:

Tras meditarlo detenidamente, hemos decidido hacer pública nuestra experiencia con el centro de menores “Centre d´acolliment i residencia infantil Mare de Déu de la Mercè”  de Tarragona. Creemos oportuno dar a conocer su pésima gestión a la vez que compartir esa experiencia con otras familias en similares condiciones, con el objetivo de que esta queja llegue donde sea necesario y despierte la sensibilidad de los responsables.

Soy una madre con pareja estable y con dos hijas, una de 15 años y otra de 6, la mayor, hija  de mi anterior matrimonio,  empieza a mostrar un sensible cambio de comportamiento una vez iniciada la ESO; empieza a manifestar fuertes muestras de desobediencia, rechazo a cualquier norma,  total falta de responsabilidad y las fugas del domicilio familiar que se convierten en rutinarias, a raíz de las cuales empezamos a cursar las correspondientes denuncias. Simultáneamente solicitamos ayuda a los servicios sociales para  evaluación sicológica, por lo que es sometida durante un año y medio al tratamiento pertinente con resultado negativo y las consecuencias derivadas de ello, a lo que hay que añadir el riesgo que ello comporta debido a las compañías con las que empieza a relacionarse. El sufrimiento en el núcleo familiar se va convirtiendo en una auténtica pesadilla, la desesperación, la amargura y el miedo por no saber dónde puede encontrarse, cuándo va a regresar, qué le puede pasar, con quién puede estar, crean una sensación de impotencia y tensión que se convierten en un auténtico calvario. Intentamos todo lo que está en nuestras manos pero la situación ya resulta insostenible y empieza a afectar al propio entorno, no podemos permitir que todo ello siga afectando a la hermana menor y optamos por mandar a la mayor a casa de la abuela materna, hecho que se produce en septiembre del año pasado. Confiando en que con esa separación temporal se calme la situación, al mes vuelve al domicilio familiar, a los pocos días se produce un episodio de agresión por parte de ella hacia mi pareja, por lo que decidimos acudir nuevamente en ayuda de los servicios sociales (EAIA) para poner en su conocimiento los hechos acaecidos y preservar la integridad física de mi otra hija. Les explico que tras haber contactado con fiscalía de menores y manifestarme, que al no tratarse de una familia desestructurada y al no sufrir malos tratos  la menor, no nos pueden ayudar. Así que los responsables del centro EAIA me aconsejan ingresarla  en el centro de menores: “Centre d´acolliment i residencia infantil Mare de Déu de la Mercè” en Tarragona, me encuentro ante la sorpresa que en el formulario de ingreso anotan “desamparo de la menor”, afirmación con la que estoy en total desacuerdo, puesto que la necesidad de la menor, en mi caso, es la de que reciba ayuda conductual  para poder seguir conviviendo en el núcleo familiar, NO POR DESAMPARO. En este momento me doy cuenta del error que he cometido por el poco interés que muestran por los menores. Nos dirigimos al centro y nos recibe la directora, subdirectora y dos educadores, nos aclaran que el centro no es ninguna cárcel, que los internos se tienen que ganar los privilegios y que se trata de una situación temporal hasta que la menor se estabilice, a lo que añaden que en principio, no tenemos derecho a visitas ni siquiera llamadas, o sea, no es una cárcel, pero se prohíben las visitas y las llamadas, a pesar de considerarlo rocambolesco, aceptamos las condiciones y nos vamos del centro con una terrible sensación difícil de narrar, algo entre sentirse el peor de los seres humanos o la sensación de pérdida de un ser querido.


Tras quince días de llamadas a diario, conseguimos una visita, a la que acuden tres psicólogos, la niña y nosotros dos, inocente de mí y convencida de que disponían del correspondiente expediente, puesto que en su momento les aporté todas las pruebas y las explicaciones de cómo se habían desarrollado los hechos, ni siquiera conocían el nombre de la niña, las primeras palabras, que las dirigen a la niña son: “La menor nunca tiene culpa de nada, sólo los adultos, ¿lo entiendes?, tú no tienes culpa de nada”. Nosotros entendemos que en mayor o menor grado, todos tenemos parte de culpa, con o sin intención. Creemos que el informe donde se detallan las continuas fugas de la niña no les habrá dado tiempo a leerlo porque la dejan salir dos veces al día y sola, no asiste al ginecólogo hasta transcurrido mes y medio y no es escolarizada hasta febrero, nos conceden visitas los lunes de 18 a 19 h. y llamadas los viernes de 20:30 a 21:00 h. todo esto suponiendo que la niña no se haya fugado del centro, hecho que se produjo a las 72 horas de su internamiento.

Me llaman a las 11 de la noche y me comunican que la niña no ha regresado tras su primera salida, a lo que les recrimino cómo ha podido suceder y qué piensan hacer, me responden que ya han cursado la correspondiente denuncia en Tarragona. Tres días más tarde, la localizo, la entrego a los “Mossos” y les informo que la menor tiene su círculo de amistades en el Vendrell por lo que siempre suele acabar en ese municipio.  La niña no llega ni a entrar en el centro, se fuga nuevamente cuando el educador va a recogerla en la misma puerta de los “Mossos”, la única explicación que recibo, es que con la menor que se había fugado es una buena niña, menudo alivio, como si ya pudiéramos dar por resuelto el problema. Cinco días más tarde, la vuelvo a encontrar, llamo a los “Mossos” y la recogen nuevamente. Llegan las navidades y le dan permiso para venir a casa, del 11 al 16, o del 16 al 21, pero no puede pernoctar en casa, no lo consideran seguro, cuando de casa nunca ha desaparecido más de dos días.

En la siguiente visita, siempre supervisada por un educador, curiosamente, en cada ocasión uno diferente, me informa de que la menor va bien, muy bien…, la niña vuelve a fugarse el día 23 de enero y la respuesta vuelve a ser la misma, interponer denuncia a los “Mossos”, necesito saber que se comunica la denuncia también en el Vendrell, que se contacte con sus amistades, de las que ya disponen de datos, pero no, se limitan a esperar a que se les llame y se les comunique que ha vuelto a aparecer.

Transcurren los días, nos volvemos a movilizar y la localizamos a los 25 días, concretamente el 20 de febrero, se fuga nuevamente el 23, a día de hoy, sigue desaparecida, mientras, ellos siguen esperando que alguien llame y les informe, tiene 15 años, ¿ésta es la mecánica con la que funciona este centro? ¿éste es  el control que tienen con estos menores?

Si mientras tenía yo la guarda y custodia de mi hija, hubiera tenido un comportamiento parecido al que relato, me la hubieran quitado, ahora que la tienen ellos y ni la guardan ni la custodian ¿a quién tengo que recurrir? Mi hija tiene 15 años, lleva fugada del centro  casi dos meses y nadie hace nada.
Me gustaría destacar que mi hija no es la única fugada de este centro, el porcentaje de niños que se fugan es considerable y preocupante.

 Tatiana Ortega Dijón

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Eso pasa en todos los centros abiertos, la única solución que te queda es llevarla a uno cerrado he pasado exactamente la misma situación y se de que va todo esto!

AKABA2 dijo...

El problema es que no puedes llevarla por tu cuenta, es el centro o un juez quienes dictaminan la orden de traslado. Es una vergüenza la indefensión de los padres y el pasotimo de los responsables.