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martes, 25 de abril de 2017

"PULLMANTUR", CRUCERO AL INFIERNO

Quien tenga previsto contratar un crucero a esta compañía, deberá pensarlo dos veces.


AUTOR: A. VILLARINO

El crucero temático ‘Leyendas del Mediterráneo’ zarpó de Alicante el 8 de abril con cientos de personas a bordo. El malagueño José Vázquez era uno de ellos. Había ahorrado durante meses para pagar los 6.472 euros que le costaron las peores vacaciones de su vida: una semana que tenía que ser idílica para toda su familia (incluidos sus padres y sus tíos) y que acabó con ojeras y los nervios destrozados. “Después de la primera noche ya nos queríamos bajar del barco, queríamos que terminase todo cuanto antes, aunque fuese perdiendo el dinero”, dice.
Como la familia Vázquez, decenas de pasajeros describen la experiencia extrema que vivieron el mes pasado: el ruido ensordecedor de los motores no les dejaba dormir por las noches, los baños se atascaron, los orines y excrementos rebosaban por las tazas y por los platos de las duchas. “Fue una pesadilla que empezó en el mismo momento en el que dejamos las maletas abajo. En lugar de llevarlas a nuestras cabinas, como dijeron, las dejaron abandonadas. Hubo un caos enorme y la mía la encontré cuatro horas después tirada en un pasillo. Me la llevé como me podría haber llevado cualquier otra. Era un caos difícil de explicar”, asegura.

El buque (bautizado en su día ‘Horizon’) lleva navegando desde 1989 y, según la tripulación, venía de pasar tres semanas en Cádiz para ser reparado y remozado. Pullmantur pertenecía a Royal Caribbean Cruises desde que Marsans la vendió por 700 millones en 2006. Tras una década arrastrando pérdidas de decenas de millones de euros anuales, volvió a cambiar de manos el verano pasado.

El 51 por ciento de las acciones fueron adquiridas en mayo de 2016 por el fondo de capital suizo Springwater, que ha emprendido una reestructuración durísima para salvar la compañía. Según fuentes cercanas a la empresa, los recortes y los planes para rentabilizar la actividad han deteriorado mucho la calidad del servicio. "Se han aprovechado espacios, se intenta cobrar cualquier servicio imaginable y se ha llevado a la extenuación a la tripulación, en su mayoría extranjera (de Centroamérica, Túnez, Islas Mauricio…). Si la gente se ha quejado tanto del ruido, es posible que se estén metiendo pasajeros en camarotes destinados al personal de a bordo", dicen.
Los problemas se concentraron en las cabinas 4, 5 y 6. Allí estaba Janeth Martínez, que había viajado con su marido desde Almuñécar. “Prácticamente desde que entramos al camarote, el olor a orines y heces era muy fuerte. La habitación estaba muy sucia. Nos fuimos a dormir ya enfadados y a las tres de la mañana empezó una vibración fortísima, como un terremoto. Nos creíamos que el barco se estaba hundiendo y salimos a los pasillos. Los cajones se abrían, las botellas vibraban… Fuimos a recepción a preguntar qué pasaba y nos dijeron que no podían hacer nada”, asegura.
Tras largas horas intentando conciliar el sueño, la familia Vázquez se trasladó a recepción con cojines y sábanas. “Nos encontramos a gente por los pasillos que habían salido con los chalecos salvavidas. Al principio creíamos que se hundía. En recepción estaba todo colapsado, con gente intentando poner hojas de reclamaciones. Nos decían que ellos no estaban obligados a entregarlas porque se rigen por la legislación de Malta. Mis padres y mis tíos, que están mayores, empezaron a sentirse mal”.
A partir del segundo día, con decenas de personas que no habían dormido en toda la noche, el caos se apoderó del crucero. “Muchos sacrificamos las excursiones que habíamos pagado para poder dormir un rato, o nos quedábamos dormidos en el autobús. Cuando el barco estaba parado y los motores apagados, el ruido cesaba y era el único momento de tranquilidad. Era un cansancio y un estrés horrible. Estábamos deseando que se acabase, pero también indignados porque eran nuestras vacaciones y habíamos pagado un dinero”, dice Janeth.
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