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jueves, 3 de noviembre de 2016

GOBIERNO DE DELINCUENTES



Paravatocracia o gobierno de delincuentes (paravatis=παραβάτης=delincuente)


Rajoy designa hoy su nuevo gobierno, que debería haber sido diseñado para cumplir tres misiones urgentes, de las que dependen el futuro de España: dialogar y debatir con las demás fuerzas políticas para sacar adelante leyes, reformas y programas; afrontar la necesidad más urgente del país, que es la regeneración; acabar con el veneno del odio, que está infectando el país con velocidad de vértigo y que nos amenaza a todos con calamidades ya conocidas, como la violencia y la guerra. 

Pero el gran riesgo es que el nuevo gobierno sea parecido a los anteriores, un gobierno "paravatocrático" que practique los vicios tradicionales de la actual clase política española: corrupción, abuso de poder y arrogancia estúpida, lo que acelerará, sin duda, el proceso de destrucción de la nación. 

Si la "oligocracia" es el gobierno de unos pocos y la "democracia" es el gobierno de muchos, la "paravatocracia" es el gobierno de los delincuentes. Por el momento, quizás sea exagerado llamar "paravatocracia" al gobierno de España, pero, a juzgar por los acontecimientos y por la cantidad y gravedad de los delitos que se descubren y juzgan en el ámbito de la política, dentro de poco tiempo será lógico, justo y necesario referirse a España como "un país gobernado por delincuentes". 


No hace mucho hablábamos en Voto en Blanco del riesgo de que España cayera en la coprocracia pero las cosas no han mejorado desde la lamentable etapa de Zapatero, sino que han empeorado y la coprocracia (gobierno de la mierda o podrido), ya con plena vigencia, podría dejar paso pronto a algo todavía peor: la "Paravatocracia" o gobierno delincuente. 

La sucesión de escándalos y de delitos de corrupción y abuso de poder descubiertos por la policía y llevados ante los tribunales, unidos al decepcionante comportamiento de unos políticos que son incapaces de denunciar la corrupción que anida en el seno de los partidos, de regenerarse, de corregir su indecencia intrínseca y, en el presente, de cumplir el mandato ciudadano para que formen gobierno, están deslizando a España hasta un grado mas elevado en la escala de la podredumbre y la miseria política. 

Los dos grandes partidos políticos acumulan ya tantos delitos que están a punto de desplazar a ETA como campeona de la delincuencia en España. 

Y todo eso sin tener en cuenta que hay muchos delitos políticos que se cometen a diario en España sin que estén tipificados en los códigos y que, en consecuencia, no son juzgados. Entre esos delitos sin castigo, aunque capaces de causar muchos sufrimiento y estragos, están los del endeudamiento enloquecido del Estado, despilfarrar el dinero público, legislar contra la voluntad popular, imponer impuestos desproporcionados e injustos, destruir los valores, mentir, engañar, marginar al ciudadano de la política y un largo etcétera de abusos y delitos políticos que se derivan de la falta de democracia y de haber convertido a España en una país con demasiado políticos innecesarios viviendo del erario público, de aforados y de personajes poderosos prácticamente impunes, que, en teoría, podrían arruinar la nación o conducirla hasta su destrucción sin que tengan que pagar por ello. 

Si se agrega que ese país llamado España, por culpa de su clase política, es un país corrompido como pocos en el mundo, líder en suciedades espantosas como la evasión e injusticia fiscal, el fracaso escolar, la baja calidad de la enseñanza, el tráfico y consumo de drogas, la prostitución, la trata de blancas, el desprestigio de los políticos, la degradación de la democracia, el blanqueo de dinero y otras muchas lacras y abusos, entonces es casi lícito y justo pensar ya que el país esta en los ámbitos de la delincuencia institucionalizada. 

La regeneración de este país podrido es su mayor urgencia, pero los partidos se niegan a afrontarla y, aunque la afrontaran, su podredumbre es de tal envergadura que no sabrían realizarla. Ante el fracaso de los partidos, la responsabilidad recae en los jueces, los periodistas y los mismos ciudadanos, sobre todo aquellos que fortalecen a los corruptos con su voto en las urnas. Los periodistas y los jueces son el principal soporte del sistema. Si ellos adquirieran conciencia democrática y dejaran de sostener el sistema corrompido e injusto, éste no podría sostenerse y caería, dejando el espacio libre para que personas con prestigio, decencia y preparación asumieran la responsabilidad de conducir a la pobre España maltratada y martirizada hoy por sus clases dirigentes. 

Francisco Rubiales 

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