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jueves, 13 de octubre de 2016

LA JUNTA DE ANDALUCÍA, UN CASO DIGNO DE ESTUDIO


La Junta de Andalucía, demasiado poder, demasiado Estado, demasiada corrupción e ineficacia


El gobierno de Andalucía es, probablemente, la mayor empresa de toda España y el gobierno con más poder en el mundo occidental. Su poder y control sobre la economía y sus ciudadanos no tiene parangón en todo Occidente. Pero el andaluz es también un gobierno campeón en corrupción e ineficacia. Después de cuatro décadas gobernando (más tiempo del que estuvo Franco al frente de España), los socialistas andaluces se han atiborrado de poder y de privilegios y han construido la sociedad que querían, que tristemente sigue siendo una de las mas atrasadas y pobres de España y de Europa, líder en desempleo y avance de la pobreza. 

En realidad se trata de de un gobierno monstruo más propio de una de las antiguas sociedades comunistas centralizadas, de aquellas que existían en la Unión Soviética, que de una democracia moderna. En cualquier caso es un gobierno extraño, paradójico y digno de ser estudiado en las universidades políticas de todo el planeta, más por sus errores, ineficacia y rasgos autoritarios y endogámicos que por sus aspectos positivos. 

Reproducimos hoy un artículo publicado en el diario local ABC, titulado "San Telmo, S.A.", firmado por Manuel Contreras, que lo describe y lo analiza con precisión de cirujano. 


SAN TELMO, S.A. 
MANUEL CONTRERAS 
ABC (Sevilla) 
12 octubre 2016 


LA principal empresa de Andalucía. Así definió el lunes la presidenta, Susana Díaz, a la Junta que gobierna. Y tanto. Por volumen de trabajadores y presupuesto, la Junta de Andalucía no solo es la mayor empresa de Andalucía, sino de España. Y puede competir con las principales corporaciones del planeta. Google tiene unos 55.000 empleados; Microsoft, 119.000; Inditex unos 100.000, entre directos e indirectos, y Amazon 230.800. San Telmo S.A maneja una plantilla de 262.000 personas y un presupuesto anual de 31.285 millones de euros. A buen cubero, cinco billones largos de pesetas, que uno se morirá echando cuentas a la antigua. Susana Díaz busca el símil empresarial para resaltar el poder que maneja y la majestuosidad del aparato público andaluz, pero omite una cuestión trascendental: si fuera San Telmo S.A. y fuese juzgada con criterios de la propiedad privada, hace tiempo que los accionistas de la corporación le hubieran puesto de patitas en la calle por falta de resultados. Pero los accionistas de esta particular empresa son los electores, y éstos deciden ante la urna por otros factores antes que por la estricta cuenta de resultados. 

El problema quizás sea que nadie tiene muy claro qué produce esta empresa. Amazon vende productos online, Inditex oferta moda, Microsoft fabrica software y hardware, y Google... bueno, Google lo controla todo. Pero es difícil definir para qué sirve la Junta. Gestiona la sanidad y la educación, pero estos servicios ya se ofrecían antes de que existiera. Se supone que su objetivo es producir desarrollo en sentido amplio: empleo, carreteras, riqueza. Pero los balances recogen que no es así, ya que Andalucía sigue atrancada en los últimos lugares en todas las estadísticas socioeconómicas. También se supone que debe producir leyes, pero el Gobierno andaluz —el consejo de administración de San Telmo S.A— se reúne semana tras semana sin poner encima de la mesa más que acuerdos menores sin trascendencia ni atractivo alguno para sus clientes, que somos los andaluces. 

¿Qué produce, entonces, la Junta de Andalucía? San Telmo S.A. produce complacencia. Una satisfacción ficticia basada en conceptos virtuales. La Junta vende vaguedades que no mejoran la vida de los andaluces, pero que conforman un entorno de falso confort. El último ejemplo es el acuerdo con sindicatos y empresarios para estipular cláusulas sociales y medioambientales en los pliegos de contratación pública de la administración andaluza. Una iniciativa vendida el pasado lunes como pionera en España y presentada como un nuevo amanecer de prosperidad. San Telmo S.A. sólo contratará con empresas que tengan plan de igualdad, con uso de lenguaje no sexista en los documentos, que limpien con productos no tóxicos y de alta biodegrabilidad. Medidas complacientes a las que nadie se opondrá, pero que no servirán para sacar a Andalucía de su ostracismo. Seguiremos igual, pero a la mayor empresa de España no parece importarle este fracaso. Quizás porque en ese fracaso radica su éxito. 

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