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domingo, 23 de octubre de 2016

EL GRAN TIMO DE LOS NUEVOS CONTADORES

Contadores inteligentes. ¿Inteligentes para quién?



Por Emilio Ballester – Presidente de la Fundación Desarrollo Sostenible

Probablemente esta sea la historia de otra oportunidad perdida para acercar, para situar a los ciudadanos en el centro del sistema energético. Cuando conocí la noticia por primera vez, sin profundizar en ella, me dije: por fin una medida que merece la pena. A partir de ahora cada consumidor  va a poder seguir en tiempo real su consumo, la potencia que  utiliza, el coste energético de su asado, de su lavaplatos o de su plancha y lo que le cuestan esas luces que iluminan el pasillo en el que se puede leer el periódico. También  lo tendrá traducido a euros y podrá calcular los usos que puede hacer de su secadora si no quiera pasarse del presupuesto. Podrá contratar diferentes tarifas, una  para fines de semana otra para verano, etc. Además  podrá conocer las  emisiones contaminantes que su consumo está enviando a la atmósfera. Todo ello sin salir de su casa o desde su teléfono móvil. Un paso más hacia una mayor cultura energética y ambiental.


Sin embargo la realidad es otra muy diferente. Podremos conocer nuestro consumo horario y la potencia utilizada solo a posteriori, a través de la web de la distribuidora. Nada en tiempo real. Los contadores seguirán estando alojados en el cuarto de contadores o en el exterior de nuestra vivienda, a pesar de que ya no es necesario que nadie vaya a tomar lectura. Lo que antes era una ruleta que giraba a distinta velocidad según el consumo, ahora son lucecitas de diferentes colores según el modelo, que parpadean a diferentes frecuencias según el consumo, o se quedan fijas según los casos. Para conocer nuestros consumos parciales o totales tendremos que especializarnos en sistemas digitales. Un botoncito que cambia el código y los números sin mucha más explicación. Eso sí, cuando nos corten el suministro por falta de pago lo pondrá claramente en la pantalla. Y cuando se nos vaya la luz por exceso de potencia tendremos que poner en marcha el protocolo de rearme o bajar, a oscuras, al cuarto de contadores para pulsar el botón adecuado.

Entonces, para qué este cambio, se preguntará el señor y la señora del 3ºA de cualquier edificio, de cualquier  barrio de nuestras ciudades.  De momento ya no hay que pagar a nadie para tomar la lectura. Los datos sí van en tiempo real a cada compañía distribuidora. Podrán saber a qué hora nos levantamos, nos acostamos, nos vamos de vacaciones o de fin de semana. Nuestro perfil de consumidor quedará en manos de una compañía privada, gracias al cambio de aparatitos que nosotros pagamos,  ahora un 40% más caro, con el mismo servicio. Cuando cambiemos la potencia o nos pasemos a una tarifa con discriminación horaria, ningún técnico de la compañía tendrá que ir a nuestro domicilio. Lo harán directamente reprogramando a distancia el contador. Igualmente  para contarnos la luz  o para controlar si hemos puesto una placa solar que inyecta energía limpia en la red eléctrica.

Parece que una vez más el centro de nuestro sistema eléctrico está en la grandes compañías eléctricas que en forma de oligopolio maneja y  controla nuestros designios energéticos y nuestro patrón de vida. A partir de ahora, a distancia y telegestionado. Eso sí, sin dejarnos en casa ni un manual de instrucciones de “nuestro contador inteligente”. Hagamos una cuenta sencilla: 27 millones de contadores  un 40% más caro, 27 millones de lecturas ahorradas a las grandes electricas, un sinfín de desplazamientos evitados, detección inmediata de intentos de manipulación de contadores, etc, etc. Sumemos y sabremos para quién son inteligentes los contadores.

No nos dejemos. Reivindiquemos la propiedad de esos datos y el derecho a disponer de ellos en tiempo real para que sea un instrumento del empoderamiento energético de los consumidores y futuros “prosumidores”.  Y exijamos que se regule el uso de ”nuestros datos” por las empresas eléctricas.
  • Imagen: Europa Press/ Endesa

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