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jueves, 20 de octubre de 2016

DIMISIÓN EN BLOQUE


DIMISIÓN EN BLOQUE (Dimitir no es una palabra rusa)


Muchos ciudadanos, indignados ante tanta corrupción, abuso, ineficacia y pérdida de valores, piensan que la clase política española debería dimitir en bloque y dejar libres los espacios del poder para que los ocupe gente independiente, decente, lista, con valores y capaz de amar a España. 

Hay múltiples razones para que dimitan, pero hay una que sobresale: nuestros políticos no solo no han solucionado los problemas y carencias de España sino que, con su labor, han construido un país lamentable, injusto, corrompido, desigual, sin valores y poblado por masas aborregadas y mal educadas que ponen en peligro la convivencia. 

Ellos son los grandes culpables y así los señala la población en las encuestas. Ese rechazo generalizado a los políticos, que se transforma cada día más en odio, es razón más que suficiente para que admitan el fracaso y se marchen. 



Los políticos españoles creen que la palabra "Dimitir" es rusa, pero es española pura. La que es rusa es "Dimitri", que no es lo mismo. En España hay razones más que suficientes para dimisiones masivas de políticos y responsables públicos, pero esa "tropa", carcomida por la corrupción y ajena a las prácticas democráticas, se atrinchera en el Estado y convierten la política española en un basurero. 


Deben dimitir los que se han enriquecido sin poder explicar el origen de sus patrimonios, los que conocen las corrupciones en su entorno y no las han denunciado, lo que los convierte en cómplices, los que han sido arbitrarios en sus decisiones públicas, los corruptos de todos los pelajes, los que han utilizado el dinero público como si no fuera de nadie, los que han endeudado el país de manera enloquecida, los despilfarradores, los que han elaborado o respetado listas negras de adversarios a los que acosar y negar ayudas, subvenciones y puestos, los que han pervertido los concursos públicos, los recaudadores de los partidos, los que han guardado silencio ante las injusticias, los que han beneficiado a sus amigos, violando el principio constitucional de igualdad de oportunidades, los miles que han cobrado pagas en negro, sin tributar a Hacienda, los que cobran dietas y ayudas sin tener derecho a ellas, los que se someten a los dictados del partido, antes que a los criterios y deseos de los ciudadanos, a los que representan, los que han aprovechado sus cargos para conseguir sexo fácil, los que han perjudicado al adversario, los comisionistas, los que burlan la ley, los que no pagan la seguridad social de sus empleados, los miserables, los inmorales, los sinvergüenzas y los que se someten a la vida interna, sin democracia, de los partidos políticos, los fanáticos, los que votan a sus verdugos y los que mienten, que son legión. 

Calculando por encima, esa lista de miserables, canallas, delincuentes y parásitos debe estar en torno a los 15 millones de españoles, muchos de ellos ocupando cargos públicos o en puestos del Estado. Estos últimos deben dimitir y todos los demás, regenerarse o retirarse de la vida política para dejar que las aguas de la regeneración fluyan por esta España que ellos han prostituido y ensuciado. 

La limpieza y regeneración de España es la tarea principal de los españoles en este siglo XXI. La sociedad que nos han traído la falsa democracia fundada en 1978 y los partidos políticos y sus politicastros es tan inmensa que existe tarea para al menos tres generaciones de españoles damnificados. 

El primer paso para empezar la limpieza es arrebatar el prestigio y la fama que, sin merecerlo, disfrutan los políticos. Una vez degradados, cuando sientan el desprecio de los ciudadanos, entonces el campo estará preparado para la gran poda y la limpieza. Las dimisiones deben ser masivas y los tribunales de Justicia deben trabajar a destajo. Las filas de los corruptos y abusadores deben ser diezmadas, como eran diezmadas las antiguas legiones romanas que sucumbian al miedo y la cobardía. Uno de cada diez miserables debe entrar en la cárcel. Con ese castigo no se paga ni el diez por ciento de los daños causados a España, pero por algo debemos empezar. Después, inmediatamente, un gobierno presidido por un independiente y formado por personas integras, sin mezcla de partidos ni de profesionales de la política, que deberá recuperar el antiguo concepto de "servicio" a la comunidad. 

El rey debería encabezar la cruzada de la limpieza y la regeneración, seguido por los militares, los jueces y la parte que queda sana de la sociedad española. 

Es el único camino porque quien espere que la regeneración y la limpieza surjan de los actuales partidos políticos, está soñando. De la podredumbre solo puede surgir porquería y escoria. Es una ley de la física inmutable. 


Francisco Rubiales 

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