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domingo, 3 de julio de 2016

LLEGA A ESPAÑA LA DROGA MÁS DEVASTADORA



Se ha registrado en España el primer caso de consumo de 'krokodil', una droga altamente tóxica y potencialmente letal que debe su nombre al llamativo deterioro de los tejidos que provoca, llegando a producir una coloración verdosa en la piel, que a su vez adquiere una textura escamosa, como la de un cocodrilo. Con el tiempo, el deterioro aumenta y aparecen llagas y heridas de mayor tamaño, parecidas a las que dejaría el ataque de algún depredador. Es por eso que el 'krokodil' se considera una droga "carnívora". 

Este narcótico es conocido desde el año 2002 y su consumo en Europa ha ido aumentando desde entonces. Con frecuencia se recurre al 'krokodil' como una alternativa a la heroína en zonas de consumo donde ésta escasea. Se trata de un opiáceo, un derivado de la morfina, que deprime el aparato nervioso central y provoca intensas sensaciones de relajación y placer... a costa de un calamitoso impacto en la salud del organismo.
Sus efectos pueden llegar a ser varias veces más potentes que los de la heroína, aunque su precio es entre tres y cinco veces menor. Los problemas que ocasiona son numerosos: abscesos, flebitis, tromboflebitis, hemorragias o úlceras, entre otras patologías, así como daños en músculos y otros tejidos blandos, además de en los huesos, con una rápida necrosis y gangrena. Los adictos a esa substancia, debido precisamente al potente deterioro físico y mental que produce, suelen morir pocos años después de probarla. 
Se trata de un único caso clínico, una persona española que puntualmente consumió la substancia
No existe realmente un tráfico de este estupefaciente, porque es básicamente una droga de elaboración casera. Puede obtenerse fácilmente a base de codeína, disolvente de pintura, líquido para encendedores, gasolina, ácido clorhídrico, fósforo rojo (raspado de cajas de fósforos) y yodo. El resultado de la cocción de los analgésicos y los productos químicos es una substancia tóxica y altamente adictiva cuyos efectos sobre el sistema nervioso son análogos a los de cualquier otro opiáceo. 
En estos últimos días la alarma ha saltado en España debido a la publicación de un artículo científico que documentaba un caso de consumo en la zona de Castellón. Hemos querido comentar el asunto con el psicólogo Abel Baquero, que trabaja en la Fundación Amigó, como especialista en terapia contra las adicciones, y que es, precisamente, uno de los autores del estudio que documenta el caso.

Caso único en España

Lo primero que hay que destacar es que el caso detectado en España no constituye ninguna alarma en términos de salud pública. "Se trata de un único caso clínico, una persona española que puntualmente consumió la substancia porque estuvo en contacto con otros consumidores extranjeros, de Europa del este". Ni siquiera se sospechó en ningún momento que se estuviese empezando a comercializar: "Simplemente estaba en un festival y compartió la substancia con otras personas que la estaban consumiendo, pero no hubo ni compra ni venta…".
Además, ni siquiera se trata de un caso reciente: "Hay que tener en cuenta -nos explica Abel Baquero- que nosotros primeros detectamos el caso, luego redactamos el artículo y luego lo enviamos a la revista científica. Luego eso pasa por una serie de filtros y procesos que pueden llevar hasta un año, y luego se publica". Por lo tanto, según el propio Baquero, no hay que temer que se instale o se extienda un hábito de consumo en España: "Hay personas que puntualmente consumen una substancia, o algún derivado, y ello no provoca que se genere un patrón de consumo ni que haya que generar una alarma social". Desde entonces, no se ha documentado ningún otro caso.
David RomeroLo primero que hay que destacar es que el caso detectado en España no constituye ninguna alarma en términos de salud pública. "Se trata de un único caso clínico, una persona española que puntualmente consumió la substancia porque estuvo en contacto con otros consumidores extranjeros, de Europa del este". Ni siquiera se sospechó en ningún momento que se estuviese empezando a comercializar: "Simplemente estaba en un festival y compartió la substancia con otras personas que la estaban consumiendo, pero no hubo ni compra ni venta…".
Además, ni siquiera se trata de un caso reciente: "Hay que tener en cuenta -nos explica Abel Baquero- que nosotros primeros detectamos el caso, luego redactamos el artículo y luego lo enviamos a la revista científica. Luego eso pasa por una serie de filtros y procesos que pueden llevar hasta un año, y luego se publica". Por lo tanto, según el propio Baquero, no hay que temer que se instale o se extienda un hábito de consumo en España: "Hay personas que puntualmente consumen una substancia, o algún derivado, y ello no provoca que se genere un patrón de consumo ni que haya que generar una alarma social". Desde entonces, no se ha documentado ningún otro caso.
David Romero



«La expansión y la utilización del krokodil es ya una realidad en Europa y, con el primer caso documentado científicamente en Castellón, podemos afirmar que ha comenzado su consumo en España».
Un equipo investigador encabezado por el doctor Gonzalo Haro, profesor del Departamento Medicina y Cirugía de la Universidad CEU Cardenal Herrera, ha constatado el uso por primera vez en España de desomorfina o «krokodil». Una droga letal de fabricación casera que puede provocar graves consecuencias físicas en el sistema vascular, como abscesos, flebitis, tromboflebitis, hemorragias o úlceras, entre otras, así como daños en músculos y otros tejidos blandos, además de en los huesos, con una rápida necrosis y gangrena.

Aspecto de cocodrilo

«Este tipo de lesiones son las que dejan secuelas que, a la vista, simulan ese aspecto de cocodrilo que da nombre a la sustancia», según relata Haro. El tratamiento de estas complicaciones médicas del consumo de esta droga requiere, en la mayoría de ocasiones, de intervenciones quirúrgicas de extrema complejidad, con resultados graves para los toxicómanos, como la extirpación de las principales venas en los brazos o las piernas, necesitando en ocasiones la amputación o injertos de piel.
Los efectos nocivos de «krokodil» están relacionados principalmente con la desomorfina, pero también con los componentes tóxicos para su elaboración, como el yodo, que produce lesiones de la glándula tiroides y los cartílagos. También se han descrito daños neurológicos y de otros órganos endocrinos, de acuerdo con los investigadores.
Aunque el caso detectado en Castellón no significa necesariamente que el consumo de la conocida como «heroína caníbal» se haya generalizado en España, el profesor Haro considera que tras el descubrimiento de su equipo los recursos sanitarios, tanto de atención primaria o urgencias, como los servicios de adicciones y salud mental, «deben estar alerta para poder detectar intoxicaciones, síndromes de abstinencia o secuelas físicas y psicopatológicas del consumo de esta nueva droga».
El «krokodil» o desomorfina es una droga de elaboración casera a base de opiáceos que resulta hasta diez veces más fuerte que la heroína y muchas veces más barata y tóxica. Según explica el doctor Haro, el inicio del consumo de esta sustancia se situó inicialmente lejos de España, en países como Rusia, Ucrania y Georgia.
La expansión en el resto del continente del consumo de «krokodil» puede guardar relación, según explican los investigadores, con la situación de retroceso económico. La crisis podría ser la posible causa de aparición de su consumo en España o en otros países de la Europa más occidental como Holanda y Alemania, donde también se han detectado recientemente nuevos casos.
De hecho, la desomorfina se fabrica a partir de una combinación de tabletas a base de codeína, disolvente de pintura, líquido para encendedores, gasolina, ácido clorhídrico, fósforo rojo (raspado de cajas de fósforos) y yodo. El resultado de la cocción de los analgésicos y los productos químicos es un fármaco tóxico y altamente adictivo.

Muerte casi segura

Las personas que consumen esta droga no sobreviven más de dos años. Según explica el doctor Haro, «la manifestación inicial de los primeros efectos se produce a los pocos días desde que se inicia el consumo y comprende con más frecuencia neumonía, meningitis, periodontitis y osteomielitis».
Todos estos daños orgánicos generan un deterioro físico progresivo en los consumidores «que puede causarles la muerte». Los efectos empiezan con manchas en la piel, pero su uso continuado la pudre, haciendo que se caiga y dejando los huesos al descubierto.
El fácil acceso a esta sustancia adictiva, manufacturada por el propio consumidor en la mayoría de ocasiones, es un factor «determinante» que eleva la alarma social y mediática en relación con el consumo de «krokodil», según los investigadores.
El equipo liderado por Haro junto con Abel Baquero, psicólogo de la Fundación Proyecto Amigo de Castellón, ha publicado este primer caso documentado científicamente de consumo de «krokodil» en España en el último número de la revista «Adicciones».

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