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sábado, 23 de abril de 2016

EL MUNDO SE VA A LA MIERDA



Se venden gafas de "graduación" sin cristal; los grandes almacenes te ofrecen vaqueros rotos, tan rotos que yo creo en dos ó tres lavados quedan destrozados; algunos hombres, los leñasexuales, llevan la barba de 1 mes y van tan panchos por la vida, regalando besos y repartiendo todo tipo de sustancias orgánicas y restos de comida. De hecho, el otro día me reencontré con un conocido, en la presentación de un máster de moda. Aquel venía con una barba casi rizada, sorprendentemente -pues su pelo es más o menos liso-, y me dio dos besos. Tengo que confesar que la experiencia me resultó un tanto incómoda, y tuve que pedirle, al despedirnos, que nos diéramos uno de esos besos en donde realmente besamos el aire. Quedé como una grosera, pero siento mucho si la verdad ofende.
Los pantalones pesqueros de los que hemos renegado en un pasado no muy lejano son tendencia -dejan ver los calcetines, y estos, cuanto más llamativos, coloridos y absurdos, mejor que mejor-, y los pantalones bombachos también son trendy, aunque "engorden", visualmente hablando, a aquel que los lleve. Piercing en el cartílago de la nariz -sí, ese aro que se ponen debajo de la nariz, ¿tiene un nombre esa zona?, me da hasta pereza investigarlo-, mientras el lado derecho o el izquierdo del cráneo va rapado... Cada cosa más inútil que la anterior.
Unas, a lo Kardashian, se comen la placenta de su recién nacido porque es muy sana, mientras que otros, a lo Nacho Vidal, se aplican la mascarilla, para el cutis de la cara, con el semen tras su propia eyaculación. Y entre tanto, el contouring -esa técnica que consiste en maquillarte con claroscuros para generar un efecto visual, moldeando los rasgos totalmente- se aplica, no sólo a la cara, llegando a parecer verdaderas ‘drag queens’, sino también a las piernas y el escote para crear una ilusión óptica que hace creer al observador que la que se somete alcontouring tiene músculos y curvas que no existen -se llega a "recrear" incluso la tan deseada tableta de chocolate en el abdomen-. Me pregunto qué harán si se dan un baño. También se puede introducir los labios en una especie de aparatito pequeño que los aplasta para que parezcan más carnosos, a pesar de que se estarían dañando los morros y que el aumento, temporal, del tamaño no es más que consecuencia de un hinchazón provocado por un presión física -la psicológica es la de la tonta de turno que recurre a dicha técnica- a la que se somete la boca. Y por si fuera poco, hay quien incluso se amputa los meñiques de los pies para llevar zapatos más estrechos -ya escribí de ello antaño-; práctica solo permitida para la alcaldesa de Jerez. Hemos dejado, gracias a Dios, atrás, la tendencia del verano pasado, el pelo azul, pero lo de los tatuajes irracionales que decoran brazos enteros de chicas y chicos es la huella que pervive y persiste en el tiempo de la imprudencia y, algunas veces, de la estupidez, nada de nada. Siguen siendo un bien a conseguir. De hecho, la muchacha que me hace las uñas tiene en el escote tatuada una ‘Hello Kitty’. Hoy tiene 19 años. En 30 años, hablaremos.
La última de las últimas fue leer, el otro día, que se crea el primer vibrador en el que puedes introducir las cenizas de tu difunto/a marido/esposa, y así "mantener relaciones sexuales" escatológicas "nivel imbécil". Como dice un amigo mío, hay tres cosas en esta vida que no mienten: los niños, los borrachos y los leggings. Tampoco todas se han concienciado de que, cuando llevas unas mallas -queda más cool la palabra "leggings", ¿no?-, el chiste está en acompañarlos de una camiseta, camisa o vestido largo que cubra el cuerpo hasta las caderas.
No sé si se han dado cuenta de que no he puesto ningún "punto y aparte", y es que esto se debe a que quiero reflejar, con esta columna, el caos que se vive en esto de la estética y la ética. Algo está fallando, amigos. Y no es culpa del señor Gobierno, ni de la señora Crisis. La solución tampoco es sumarle al lenguaje la lenguaja. El mundo, queridos lectores, se va a la mierda. ¿Hacemos algo?

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