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sábado, 25 de abril de 2015

CON AMIGOS ASÍ, ¿QUIÉN QUIERE ENEMIGOS?

A veces resulta complicado expresar lo que uno piensa, escribir resulta más complicado de lo que parece cuando hablamos de personas que no estamos acostumbradas a ello o que no tenemos las facultades que tienen la mayoría de periodistas y escritores, los pensamientos y las ideas van por un lado, pero cuando es hora de plasmarlo textualmente la cosa puede complicarse un poco, por eso se agradece encontrar artículos como el que comparto a continuación, que refleja exactamente lo que quería expresar y no sabía como hacerlo, algo que probablemente compartirán más lectores.


Con hermanos como Marruecos, mejor haber nacido hijo único. España lleva años con una política exterior errática y equivocada. No pintamos nada en el escenario internacional, en el mejor de los casos, hacemos seguidismo de los países de nuestro entorno. Para vergüenza de todos nosotros, hemos renunciado a nuestras legítimas reivindicaciones sobre Gibraltar. Aceptamos un “Estatus Quo” humillante. Formamos parte de la OTAN sin haber incluido la protección de nuestras ciudades autónomas, ni del archipiélago Canario. Solo nos falta pedir perdón por existir.


Si nuestro Jefe del Estado, nuestro presidente de gobierno o algún “ex” de relevancia visita Ceuta o Melilla, se convierte en un conflicto interno entre gobierno y oposición o incluso internacional. Es curioso que cuando se celebran elecciones y se elije un nuevo presidente, en la mayoría de los casos, lo primero que hace el susodicho, es visitar el reino de Marruecos. Pareciera que vamos a pedir su beneplácito o conformidad y rendir pleitesía a aquel que esta continuamente amenazando nuestra soberanía o integridad Nacional.

Decididamente, España no pinta nada en el panorama internacional. Nuestra imagen es patética. Produce bochorno y sonrojo el continuo ninguneo al que estamos sometidos, y los distintos gobiernos, tampoco ayudan con su desafortunada elección de ministros de exteriores. Desde los tiempos de Fernando Morán, no hacíamos tanto el ridículo de forma tan continuada, exceptuando al sectario Moratinos.

Nos da vergüenza defender los intereses de España, nos da vergüenza defender nuestra soberanía, nos da vergüenza ser españoles.  

Nuestro “hermano marroquí”, impide o dilata la asistencia de ayuda Española, para rescatar a nuestros espeleólogos en su territorio, y a nuestro presidente, no solo le parece bien y acertado, sino que además les da las GRACIAS!!!!!!!!


No entiendo nada, ¿gracias?, ¿Por qué?, ¿por reírse de nosotros?, ¿por tratarnos con desprecio y altanería?, ¿por enviarnos a todos los individuos que ellos no quieren?, ¿por someternos a un chantaje permanente?. Las declaraciones de Mariano Rajoy alabando al gobierno Marroquí, no son ni entendibles ni comprensibles.

Hemos dado carácter institucional a nuestro ridículo internacional. España parece estar pidiendo perdón por todo y a todos. No solo renegamos de nuestra historia, de nuestro pasado, de nuestro imperio, de lo que hemos sido, sino que además ensalzamos y aplaudimos a aquellos que nos desprecian e incluso me atrevería a decir que nos odian. Solo desde una posición de fortaleza y sintiéndonos orgullosos de lo que somos, recuperaremos el prestigio perdido. No tengo claro que el actual gobierno, o el que venga, dado nuestro panorama político domestico, pueda, quiera o desee cambiar o revertir nuestra actual y errática política internacional.



No podemos seguir siendo los bufones de Europa, los payasos del mundo, no podemos elogiar al que nos humilla y escupe. Mariano Rajoy debería retractarse de lo dicho. Es un insulto a los familiares de los fallecidos, es una bofetada en la cara a todos los españoles. Esta no es la mejor manera de defender nuestros intereses, de defendernos a nosotros. Si este es el trato que nos dispensan “nuestros amigos”, no necesitamos enemigos. Demos un puñetazo en la mesa, pongámonos serios, muy serios, y revisemos toda nuestra “política internacional”. La que tenemos, la actual, no vale.

 Javier García Isac  / una hora en Libertad.

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